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Lecturas del día 14-11-2017

LITURGIA DE LA PALABRA.

Sab 2,23-3,9: “Dios creó al hombre para la inmortalidad”
Sal 33: Bendigo al Señor en todo momento.
Lc 17,7-10: “Somos simples sirvientes”

La parábola está compuesta con base en imágenes del pequeño labrador que posee un solo esclavo. Esta forma parte de la propiedad de su señor, de modo muy distinto al jornalero que se contrata por un tiempo con el patrón. El relato comienza con una pregunta de Jesús que tiene por finalidad hacer conciencia de la realidad del esclavo. Al regresar del duro trabajo del día, cansado y hambriento, no puede el esclavo pensar aún en la comida y el descanso. Al contrario, como esclavo que es, se le encarga otra nueva tarea: el servicio de su amo. Una vez cumplido este mandato, cuando el señor no tenga más que mandarle, puede él también comer y beber. El evangelio nos recuerda que somos seguidores, discípulos del Señor. A pesar de que los proyectos, tareas y actividades que realizamos diariamente estén llenos de triunfos y reconocimientos, no es a nosotros mismos a quienes anunciamos, sino a Jesús y el reino de Dios. Somos simples siervos inútiles que hacemos lo que teníamos que hacer. No podemos vanagloriarnos por el trabajo realizado, sino más bien ser humildes y no propagar lo que hacemos buscando el favor de los demás; hemos de recordar siempre que nada de lo que hagamos por el Señor será suficiente para recompensar lo que él ha hecho por nosotros.

PRIMERA LECTURA.
Sabiduría 2,23-3,9
La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en paz

Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella.

En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral; gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 33
R/. Bendigo al Señor en todo momento
.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malechores, para borrar de la tierra su memoria. R.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Lucas 17,7-10
Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer

En aquel tiempo, dijo el Señor: "Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."

Palabra del Señor.


Comentario de la Primera Lectura: Sabiduría 2, 23-3,9. “Dios creó al hombre para la inmortalidad”

«Dios creó al hombre para la inmortalidad» (2,23), y la esperanza de «los que ponen en él su confianza» (3,9) «estaba llena de inmortalidad» (3,4): éste es el mensaje del fragmento de hoy, que trata sobre la suerte aparente/real de los justos. El destino originario del hombre es la inmortalidad —o sea, la experiencia de una vida que no conoce la muerte—, puesto que está hecho «a imagen» (2,23) de Dios, aunque «por envidia del diablo» (2,24) la muerte se asoma cual espectro sobre la existencia.

Por primera vez, con un lenguaje filosófico (eco de la cultura helenística del autor del libro) y ahondando en la cuestión de la retribución (el justo debe ser recompensado y el malvado castigado), se habla de vida eterna, y eso tiene lugar casi comentando los primeros capítulos (2 y 3) del Génesis: el relato de cómo, ya desde los orígenes, vida y muerte se cruzan, en desgarradora tensión, en el camino del hombre.

Es preciso confiar en el Señor, rechazando elegir la carne como propio apoyo (cf. Jr 17,5-8). Es necesario ir más allá de lo que se presenta a los ojos de los necios (cf. Sab 3,2.4), de los que miran con la mirada miope y superficial del tiempo que acaba. Es necesario aceptar atravesar el tiempo de la prueba (que se presenta a cada uno, aunque en los vv. 5ss se alude, probablemente, al martirio del pueblo judío en la época de los Macabeos, en tiempos del rey Antíoco Epífanes). Entonces se verá satisfecha la confianza del justo, de cada hombre que haya esperado contra toda esperanza, a pesar de las apariencias (como ya profetizaba Isaías a propósito del Siervo de Yavé: cf. Is 52,13—53,12). Los justos «recibirán..., aparecerá su resplandor..., gobernarán...», etc. (vv. 5-9), porque verdaderamente «están en paz» (v. 3), «están en las manos de Dios» (v. 1): en el tiempo breve y para la eternidad.

Comentario del Sal 33: Bendigo al Señor en todo momento.

Es un salmo de acción de gracias individual. Quien toma la palabra ha atravesado una situación muy difícil, ha pasado por “temores” (5) y «angustias» (7), «ha consultado al Señor» (5), «ha gritado» (7) y ha sido escuchado. El Señor le «respondió» y lo “libró” (5), lo «escuchó» y lo “libró de todas sus angustias” (7) ahora esta persona está en el templo de Jerusalén para dar gracias. Está rodeada de gente (4.6, 12.15), pues la acción de gracias se hacía en voz alta, en un espacio abierto. El salmista hace su acción de gracias en público, de modo que mucha gente puede llegar a conocer el «favor alcanzado». De este modo, el salmo se convierte en catequesis.

Los salmos de acción de gracias tienen, normalmente, una introducción, un núcleo central y la conclusión. Este sólo tiene introducción (2-4) y núcleo central (5-23), sin conclusión, pues tal vez la oración de agradecimiento concluyera con la presentación de un sacrificio. Es un salmo alfabético, como tantos otros (véase, por ejemplo, el salmo 25). Esto quiere decir que, en su lengua original, cada versículo comienza con una de las letras del alfabeto hebreo. En las traducciones a nuestra lengua, este detalle se ha perdido. El núcleo (5-23) tiene dos partes. La primera (5-11) es la acción de gracias propiamente dicha; la segunda (12-23) funciona como una catequesis dirigida a los peregrinos, y tiene un deje del estilo sapiencial, esto es, quiere transmitir una experiencia acerca de la vida, de manera que los que escuchan puedan tener una existencia más larga y más próspera.

La introducción (2-4) presenta al salmista después de haber sido liberado y rodeado de fieles empobrecidos. Empieza a bendecir al Señor por toda la vida e invita a los pobres que le escuchan a alegrarse y a unirse a su acción de gracias. En la primera parte del núcleo (5-11) expone el drama que le ha tocado vivir, qué es lo que hizo y cómo fue liberado; en la segunda (12-2 3), convierte su caso en una enseñanza para la vida. Invita a los pobres a que se acerquen y escuchen. La lección es sencilla: no hay que imitar la actitud de los ricos que calumnian y mienten; hay que confiar en el Señor y acogerse a él para disfrutar de una vida larga y próspera.

Este salmo manifiesta la superación de un terrible conflicto. De hecho, la expresión «consulté al Señor» (5) se refiere a un acontecimiento concreto. Las personas acusadas injustamente y, a consecuencia de ello, perseguidas, iban a refugiarse al templo de Jerusalén. Allí pasaban la noche a la espera de una sentencia. Por la mañana, un sacerdote echaba las suertes para determinar si la persona acusada era culpable o inocente. Este fue el caso de quien compuso este salino. Pasó la noche en el templo, confiado, y por la mañana fue declarado inocente. Entonces decide dar gracias al Señor, manifestando ante los demás pobres que estaban allí las maravillas que Dios había hecho en su favor.

Este salmo nos da información acerca de la situación económica del salmista. Es pobre: «Este pobre gritó, el Señor lo escuchó y lo libró de todas sus angustias» (7). Y pobres son también las personas que lo rodean en el templo, en el momento de su acción de gracias: «Mi alma se gloría en el Señor: que escuchen los pobres y se alegren» (3). Además, el salmista invita a los empobrecidos a que proclamen su profesión de fe: «Repetid conmigo: ¡El Señor es grande! Ensalcemos juntos su nombre» (4).

¿Qué es lo que le había pasado a esta persona pobre? Antes de que lo declararan inocente, había pasado por momentos difíciles. De hecho, habla de «temores» (5) y «angustias» (7). Cuando presenta ante sus oyentes una especie de catequesis, recuerda los clamores de los justos (16) y sus gritos en los momentos de angustia (18). Estos justos tienen el corazón herido y andan desanimados (19) a causa de las desgracias que tienen que sufrir (20). ¿Qué es lo que hacen en situaciones como esta? Gritan (18) como había gritado el mismo salmista (7), refugiándose en el Señor, consultándolo (5), para ser declarados inocentes y obtener la salvación. Obran así porque temen al Señor (8.10.12) y se acogen a él (9.23).

¿Quién había acusado y perseguido a esta persona pobre? El salmo nos presenta a sus enemigos. Son ricos (11), su lengua pronuncia el mal y sus labios dicen mentiras (14); se les llama «malhechores» (17), son «malvados» y «odian al justo» (22). ¿Por qué se comportan de este modo? Ciertamente porque el justo los molesta, los denuncia, no les da respiro. Entonces lo odian, lo calumnian y lo persiguen, buscando e1 modo de arrancarle la vida. El profetismo del pobre incomoda a los ricos. El término «prosperar» (13) y su contexto (12-15) permiten sospechar cine la mentira de los ricos condujo al salmista a la pérdida de sus bienes y a ser perseguido a muerte.

Se trata de un salmo que hace una larga profesión de fe en el Dios de la Alianza, aquel que escucha el clamor de su pueblo, que toma partido por el pobre que padece injusticias y lo libera, Dejemos que el salmo mismo nos muestre el rostro de Dios. Este responde y libra (5), «escucha» (7) y su ángel acampa en torno a los que lo temen y los libera (8). Es esta una enérgica imagen que muestra al Dios amigo y aliado como un guerrero que lucha en defensa de su compañero de alianza. Además, el Señor no permite que falte nada a los que lo temen y lo buscan (10.11), cuida de los justos (16) y escucha atentamente sus clamores (16), se enfrenta con los malhechores y hora de la tierra su memoria (17), escucha los gritos de los justos y los libra de todas sus angustias (18), está cerca de los de corazón herido y salva a los que están desanimados (19); libera al justo de todas sus desgracias (20), protegiendo sus huesos (21); se enfrenta a los malvados y los castiga (22), rescatando la vida de sus siervos, esto es, de los justos que lo temen (23).

Este largo rosario de acciones del Señor puede resumirse en una única idea: se trata del Dios del éxodo, que escucha el clamor de los que padecen injusticias y baja para liberarlos. A cuantos se han beneficiado de esta liberación sólo les resta una cosa: aclamar y celebrar al Señor liberador.

Este salmo hace una larga profesión de fe en el Dios de la Alianza, aquel que escucha el clamor de su pueblo, que toma partido por el pobre que padece injusticias y lo libera, Dejemos que el salmo mismo nos muestre el rostro de Dios. Este responde y libra (5), «escucha» (7) y su ángel acampa en torno a los que lo temen y los libera (8). Es esta una enérgica imagen que muestra al Dios amigo y aliado como un guerrero que lucha en defensa de su compañero de alianza. Además, el Señor no permite que falte nada a los que lo temen y lo buscan (10.11), cuida de los justos (16) y escucha atentamente sus clamores (16), se enfrenta con los malhechores y hora de la tierra su memoria (17), escucha los gritos de los justos y los libra de todas sus angustias (18), está cerca de los de corazón herido y salva a los que están desanimados (19); libera al justo de todas sus desgracias (20), protegiendo sus huesos (21); se enfrenta a los malvados y los castiga (22), rescatando la vida de sus siervos, esto es, de los justos que lo temen (23).

Este largo rosario de acciones del Señor puede resumirse en una única idea: se trata del Dios del éxodo, que escucha el clamor de los que padecen injusticias y baja para liberarlos. A cuantos se han beneficiado de esta liberación sólo les resta una cosa: aclamar y celebrar al Señor liberador.

Este salmo recibe en Jesús un nuevo sentido, insuperable. Su mismo nombre resume todo lo que hizo en favor de los pobres que claman (“Jesús” significa «El Señor salva»). La misión de Jesús consistía en llevar la buena nueva a los pobres (Lc 4,18).

María de Nazaret ocupa el lugar social de los empobrecidos y, en su cántico, retorna el versículo 11 de este salmo: «Los ricos empobrecen y pasan hambre» (compárese con Lc 1,53). Los pobres dan gracias a Jesús por la salvación que les ha traído. Este es, por ejemplo, el caso de María, que unge con perfume los pies de Jesús (Jn 12,3), en señal de agradecimiento por haberle devuelto la vida a su hermano Lázaro.

Es un salmo de acción de gracias. Conviene rezarlo sobre todo cuando queremos dar gracias por la presencia y la acción liberadora de Dios en nuestra vida, especialmente en la vida de los empobrecidos, de los perseguidos y de los que padecen la injusticia. Si nosotros no vivirnos una situación semejante a la del salmista pobre, es bueno que lo recemos en sintonía y solidaridad con los pobres que van siendo liberados de las opresiones y las injusticias.

Comentario del Santo Evangelio: Lc 17,7-10: “Somos simples sirvientes”

Tras haber tratado el tema de la vigilancia sobre nosotros mismos, el evangelista Lucas, en el itinerario que conduce a una caridad que es fe recibida y responsablemente vivida, investiga sobre otra actitud que se pide a los discípulos de Jesús: la conciencia de la propia inutilidad (v. 10). Somos siervos de los que no hay necesidad. Jesús condena la presunción de justicia de los fariseos (cf. Lc 18,9) que, con una religiosidad de fachada basada en la acumulación de obras, esperan su recompensa de Dios: no espera recompensa alguna el pobre que se sabe por completo en manos de Dios (humildad de los siervos del Magníficat).

No debemos esperar recompensa, pues no hay motivo de gloria en lo que hacemos: como dirá san Pablo, «anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo» (1 Cor 9,16). Quien es consciente de estar constantemente en deuda de amor con Dios (v. 10), quien sabe que su vida es fruto de un don exagerado (perdón), no espera ninguna gracia de aquel a quien presta servicio, porque su misma existencia es gracia recibida (v. 9: el señor no está «obligado» respecto al siervo). También el siervo podrá comer y beber después (v. 8), participar en la alegría de su señor (cf. Mt 25,21), pero no en seguida (cf. v. 7): antes es preciso estar preparados «con la cintura ceñida y la lámpara encendida», en actitud de servicio, esperando a su señor (cf. Lc 12,36-40).

El dolor y la muerte nos acomunan a todos, con el carácter trágico de los « ¿por qué?» que les acompañan. Se oye decir: «Venimos a este mundo a sufrir», tan cruda y persuasiva se muestra esta experiencia, frente a la cual sentimos nuestra precariedad, impotencia y pequeñez.

No es ésta, sin embargo, nuestra verdad profunda y esencial: no hemos sido creados para sufrir, no hemos sido creados para morir, sino que estamos vivos para vivir y para vivir para siempre. Nuestra vida no es una vida para perderla, condenada a la derrota. ¡Bien al contrario! Dios nos tiene en sus manos: no nos ha hecho inmunes al dolor y a la muerte, pero los vive con nosotros y nos ha mostrado en Jesús cómo vivirlos. El amor y la misericordia levantan los asedios del sufrimiento que atenazan el corazón. El amor y la misericordia son la vida eterna que empieza ya en esta tierra, cuando dejamos que las reivindicaciones cedan el paso a la gratuidad, cuando ni siquiera en medio de la persecución no perdemos la esperanza ni la confianza. El amor y la misericordia son el lenguaje de Dios. Dichoso el que lo aprende: comprenderá qué es la muerte y qué es la vida.

No me importa, Señor, presentarte la cuenta, como si tú debieras pagarme por lo que hago por ti. Tú me has dado todo, todo lo he recibido de ti: mi existencia no es más que un restituirte el don. Soy alguien a quien no se le debe nada.

Sólo te pido, Señor, que no desaparezca en mí la certeza de estar ya contigo en esa vida que durará para siempre, para la cual la muerte no es más que un terrible paso. Refuerza mi fe en esa eternidad de amor que ya saboreo ahora en cada chispa de amor humano. Demasiadas veces, hoy, me apremian cerrando los confines de la existencia en este mundo, en una autocondena a una vida que ya es muerte.

Creo, Señor, que del mismo modo que ahora me despierto por la mañana, resucitaré un día en tu aurora. No será un premio que me debas: será el rebosar definitivo de tu misericordia.

Comentario del Santo Evangelio: Lc 7, 1-10, para nuestros Mayores. Tres sentencias y una parábola.

Ahora, Jesús se dirige nuevamente a sus discípulos. Con “seducción”, el evangelio no se refiere a las pequeñas tentaciones cotidianas, a las que cualquiera está expuesto, sino a la seducción de no creer. Esta seducción o la de la caída de la fe son, según las palabras de Jesús, inevitables, pero quien las provoca será juzgado. Para el significado de los “ayes” (malaventuranzas), ver las explicaciones de Lc 6,24-26.

Los molinos consistían en dos piedras circulares sobrepuestas. En la piedra superior había montado un perno que permitía girarla sobre su propio eje. El radio de la piedra superior medía de ancho aproximadamente una mano menos que el radio de la piedra inferior. Los molinos grandes se movían, por regla general, con burros. Paralelamente a éstos, había molinos manuales pequeños, construidos según el mismo principio.

“La piedra de molino al cuello” corresponde a un modismo proverbial para calificar las preocupaciones más impresionantes y la miseria. Para quien es arrojado al mar atado a una piedra tan pesada, es imposible emerger. Esta imagen indica que no hay escapatoria del juicio de Dios. Los pequeños son los insignificantes. En el contexto del evangelio de Lucas, éstos son los pobres y enfermos, los inválidos y mendigos, los paralíticos y ciegos: todos los que son despreciados por la sociedad y marginados.

Los discípulos deben estar alerta, porque la tentación para no creer no viene desde fuera de la comunidad, sino que está al acecho en las propias filas.

Jesús exige el perdón ilimitado. A quien peca y se convierte se le tiene que conceder el perdón en la comunidad independientemente de las veces que peca. Esto enlaza con la petición del Padrenuestro (Lc 11,4). Lucas hace referencia a la corrección fraterna, que tiene lugar en la comunidad cristiana y es una ayuda para la conversión.

A partir del contexto de Lucas, el perdón ilimitado es equivalente a la piedra de toque de la existencia cristiana. La negación del perdón al hermano o a la hermana pese a su intención de convertirse, puede significar piedra de tropiezo para su fe.

Los apóstoles piden a Jesús que les refuerce su fe. Para Lucas, los apóstoles son los doce que Jesús había escogido entre el gran número de sus discípulos en la montaña (Lc 6,12-16), y a los cuales posteriormente envió con el poder de expulsar demonios y curar enfermos (Lc 9,1-6). Con el título “Señor” se realza el poder de Jesús. Aquí, la fe no debe entenderse en el sentido de las fórmulas de fe, sino que en primer lugar se trata de la confianza en la fuerza de Dios, que actúa en el hombre y a través del hombre. Sin esta fuerza de Dios, el hombre no puede hacer nada.

V. 6. Jesús contesta con una imagen. Y en esta imagen se hacen declaraciones que facilitan el dirigir la atención hacia lo esencial. El grano de mostaza es una de las semillas más pequeñas, mientras que el sicómoro es un árbol bastante grande: el contraste inherente de esta imagen agudiza su efecto. Lo totalmente decisivo es la confianza en el poder y la fuerza de Dios. Por sí mismo, el hombre no puede hacer nada, pero lo aparentemente imposible se hace posible para quien se aferra a Dios.

Los versículos 7-9 forman una única pregunta sobre una imagen irreal, para confrontarla con la realidad. Esta pregunta presupone las antiguas estructuras jurídicas. De acuerdo con ellas, un esclavo era tratado como una cosa, era considerado una propiedad de su amo. Bajo estas condiciones, la contestación a la pregunta es inequívoca. Un esclavo no tiene ningún derecho a que su amo le sirva; más bien, el esclavo sólo puede descansar cuando haya terminado, a completa satisfacción de su amo, todos los trabajos que se le asignaron. Tampoco puede esperar ningún agradecimiento por su trabajo.

Jesús transfiere esto a la situación de los discípulos. Así, los discípulos no sólo son comparados con esclavos, sino que se aclara que no pueden hacer valer ninguna exigencia ante Dios, ni siquiera aunque se hayan entregado al Reino de Dios y hayan anunciado el Evangelio.

Comentario del Santo Evangelio: Lc 17, 7-10, de Joven para Joven. Si tiene un criado.

La palabra criado pertenece al pasado y expresa una relación humillante de trabajo. Pero los siervos no siempre vivían mal. A veces, en los palacios de reyes y nobles había una gran multitud de holgazanes que trabajaba poquísimo y recibía alimentos, vestidos y protección. Pero su condición dependía de cómo supieran satisfacer a sus señores, En determinadas familias burguesas había, con frecuencia, viejas criadas que formaban parte de la familia. Pero para todos valía el mismo imperativo: jamás contradecir la voluntad del señor. El estado jurídico de siervo degrada la dignidad del hombre, lo humilla. Entonces, ¿se debe expresar, forzosamente, nuestro servicio a Dios en estos términos? ¿Acaso no ha dicho Cristo a los apóstoles que no los consideraba siervos, sino amigos? (Jn 15,15).

El evangelio utiliza en la misma frase ambas palabras: siervos y amigos, el servicio a Dios y la amistad con Él. Son dos condiciones conciliables, porque someterse a Dios no humilla, sino que exalta. Es el milagro del misterio de Cristo.

Cuando lo hayáis hecho todo. ¿Quién puede presumir de que ha hecho todo lo que podía hacer? Toda obra seria requiere mucha dedicación. Si se trata de algo verdaderamente importante dejaremos de lado todo lo demás sacrificando, incluso, el descanso. Antes de un examen difícil, los estudiantes están con el libro entre las manos hasta muy tarde por la noche.

Salvar el alma, conservar la vida eterna es la obra más importante de todas. No nos sorprende que los santos, que tenían conciencia plena de esto, se concentraran sólo en ello.

Por el dinero y por la diversión se hace mucho más que por el valor único y necesario que debería interesarnos. Es humillante ser esclavos de cosas efímeras en perjuicio de las que dan la vida.

Siervos inútiles. Trabajad como si todo dependiera de vosotros, pero rezad como si todo dependiera sólo de Dios; decía san Ignacio de Loyola, con una frase que sintetiza admirablemente la experiencia de la vida cristiana. Dios puede hacerlo todo solo y es un privilegio para nosotros el hecho de poder colaborar. Es un honor poder poner aunque sólo sea una pequeña piedra en el gran mosaico del cosmos.

Un sacerdote francés cuenta que cuando su padre estaba en el ejército, su madre le escribía. Después, lo cogía de la mano a él, niño, y se la llevaba por la hoja, de forma que trazara, como pudiera, alguna palabra. El padre lejano conservó celosamente todas esas postales, Hoy soy sacerdote, escribe, y, a veces, me entra la duda de la utilidad de lo que hago. Pero después, me acuerdo de cómo escribía a mi padre de niño. Creo que hoy hago lo mismo. La gracia de Dios me tiene la mano y, por tanto, lo que escribo agrada al Padre.

Elevación Espiritual para el día.

¡Qué maravillosos son, Dios nuestro, tus secretos!, ¿quién los creerá?
Mi corazón se ha transformado con su recuerdo y por su dulzura se han separado
los miembros de mi cuerpo.
He olvidado lo que es mío
en la meditación sobre cosas de las que no y apremio con (mi) deseo al Dador. He olvidado (también) lo que es suyo, y es para obtenerle a él mismo por lo que me fatigo. Lo aferro, pero no es aferrado;
lo capturo, pero no es capturado. Cuando estoy lleno, estoy vacío cuando lo aferro, no es él,
y cuando moro en él, en mí mora.
Cuando quiero llevarlo a alguna parte, se me resiste, porque si está vestido no se detiene, si está despojado no se encamina, si lo dejan (solo) no se queda, si viene conmigo a algún lugar, no se mueve de allí. Cuando camino con él, mora en mí y se dilata como cuando está fuera de mí; cuando lo respiro sale de dentro (de mí) y cuando lo vislumbro en lo íntimo de cada cosa está revestido de todas ellas y (las) vela. Me siento llevado por él y avanzo.

Reflexión Espiritual para el día.

¡Dios mío, cógeme de la mano! Te seguiré de manera resuelta, sin mucha resistencia. No me sustraeré a ninguna de esas tormentas que caerán sobre mí en esta vida. Soportaré el choque con lo mejor de mis fuerzas. Pero dame, de vez en cuando, un breve instante de paz. No voy a creer, en mi inocencia, que la paz que descienda sobre mí es eterna. Aceptaré la inquietud y el combate que vendrán después. Me gusta mantenerme en el calor y la seguridad, pero no me rebelaré cuando haya que afrontar el frío, con tal de que tú me lleves de la mano. Yo te seguiré por todas partes e intentaré no tener miedo. Esté donde esté, intentaré irradiar un poco de amor, de ese amor al prójimo que hay en mí. Pero tampoco debo jactarme de este «amor». No sé si lo poseo. No deseo ser nada especial; sólo quiero tratar de ser esa que pide desarrollarse en mí plenamente.

Prometo vivir esta vida hasta el fondo, seguir adelante. Unas veces me da por pensar que mi vida apenas está en sus comienzos y que las dificultades están todavía por venir, y otras veces me parece que ya he luchado bastante. Estudiaré e intentaré comprender, pero creo que también deberé dejarme asombrar por lo que me sucede y, aparentemente, me desvía: siempre me dejaré asombrar, para llegar, tal vez, a una mayor seguridad. Es como si cada día fuera echada en un gran crisol y cada día consiguiera salir de él.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y del Magisterio de la Santa Iglesia. Los justos estarán para siempre juntos a Dios.

El problema de los justos que sufren y de los impíos que prosperan había preocupado y torturado a los teólogos y filósofos de Israel, sobre todo a partir del destierro. Un buen exponente de ello son los libros de Job y de Qohelet, juntamente con los salmos 31, 49 y 73. Durante los largos siglos de forcejeo y discusión sobre el tema, habían ido apareciendo algunos tenues rayos de luz a modo de intuiciones pasajeras. Hubo que esperar hasta el tiempo de los Macabeos, para que, bajo la fuerte tensión religiosa producida por la persecución, apareciera la esperanza en la resurrección de los justos. Y hubo que esperar hasta nuestro libro de la Sabiduría, para que todo el problema de ultratumba se aclarara definitivamente Aquí radica la importancia de este c. 3 de la Sabiduría. Por primera vez en la historia de la revelación aparece claramente expuesto el tema de la retribución de ultratumba. En un lenguaje sencillo y claro el autor de la Sabiduría aclara definitivamente un problema que venía preocupando desde hacía siglos.

La solución del libro de la Sabiduría es la vida de ultratumba, que será distinta para justos e impíos. Hasta aquí se venía creyendo que todos los hombres, buenos y malos, iban al seol. Aquí la existencia era tan flácida y tan lacia que apenas si merecía el nombre de tal. De hecho, el Sal 6, 6 dice: «Porque en la muerte nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?». La Sabiduría en cambio afirma que el hombre, por lo menos el justo, es inmortal y que, después de la muerte del cuerpo, le espera una vida de comunión y felicidad junto a Dios. Más aún, el justo goza ya de la protección de Dios desde esta vida, puesto que las persecuciones y las tribulaciones están providencialmente ordenadas a fortalecer sus virtudes y hacerles merecer una mayor gloria.

Cuando la Sabiduría dice que Dios creó al hombre incorruptible, a imagen de su misma naturaleza divina, está pensando primordialmente en la parte espiritual, que nosotros llamamos alma. Frente a la concepción semita, que consideraba al hombre unitariamente como un todo, el libro de la Sabiduría sigue la filosofía dualista de Platón, que establece una fuerte diferencia entre alma y cuerpo. Consiguientemente la muerte que entró en el mundo por envidia del diablo es asimismo una muerte primordialmente espiritual, a saber, la separación de Dios por el pecado. De hecho, el autor dice que son los que pertenecen al diablo quienes experimentan la muerte. De aquí se deduce también que los justos, los que no son esclavos del pecado, gozarán de la incorruptibilidad y de la inmortalidad junto a Dios.+

Enviado el Martes, 14 noviembre a las 00:00:00 por Administracion
 
 
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