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Esta página web nace con nuestro mayor cariño para dar a conocer, dentro de nuestras humildes posibilidades, la Palabra de Dios; los usos y  costumbres de la Iglesia Católica; la Compostura ante nuestro Dios dentro del Claustro de la Iglesia; diversas oraciones que los católicos debemos aprender; y otros muchos aspectos relacionados con nuestra Iglesia, algunos bien conocidos y otros menos.

También tendrán cabida, en cada una de las secciones, nuestras reflexiones en voz alta, que esperemos sean de ayuda para aquellos que nos honren con su visita en busca de mejorar su espiritualidad.

Además, si desea solicitarnos una oración para algún amigo o familar, remítanos su nombre utilizando el formulario que encontrará en ESTE ENLACE.

Gracias os damos

Gracias os damos, Dios de misericordia, por haber señalado vuestra clemencia para con nosotros al bendecir esta página, que comenzó su andadura hace ahora tres años, con un 6..000.000 de visitantes, a los cuales les damos gracias por atender lo que propusimos en el comienzo de nuestro caminar, al amparo misericordioso de vuestra Santa Palabra, atendiéndola, aprendiéndola y cumpliéndola bajo vuestra protección.


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Lecturas del día 01-07-2015

LITURGIA DE LA PALABRA.

Gn 21,5.8-20: “El hijo de esa criada no se repartirá la herencia con mi hijo”
Sal 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Mt 8,28-34: ¿Viniste a atormentarnos antes de tiempo?

En el evangelio de Mateo nos encontramos con una realidad interesante: la enfermedad considerada obra del demonio o castigo de Dios. Como en otras religiones la Biblia la consideraba, en muchas partes, consecuencia del pecado: (Eclo 31,15; Mt 9,2-7; Jn 5,14; 9,2), o efecto de la posesión diabólica: (Sal 78,50; 91,3.6; Mc 9,25-29); Jesús no rechaza esta creencia, lo leemos hoy, pero la relativiza no sólo con su palabra, sino con sus milagros en favor de tantos enfermos que él sana.

Estos milagros son signos de la llegada del reino, del cumplimiento de la salvación de Dios en favor de los que sufren; son, incluso, parte de la lucha de Jesús con las fuerzas enemigas del reino. Estos enemigos pueden ser grupos organizados como el de los fariseos y saduceos, o todo un pueblo que le pide que se vaya porque afecta sus intereses.


Hoy son muchas las amenazas que acechan contra la fe de los cristianos. Muchos “endemoniados” sutiles impregnan las diversas estructuras sociales, religiosas, culturales, etc. Pero la fuerza del Espíritu que actúa en los creyentes comprometidos y fieles al Señor Jesús puede derrotar esas fuerzas del mal. Habrá que arrojarlas al “mar de la confusión y del caos” para que los seres humanos que están bajo su influencia puedan gozar de la libertad de los hijos de Dios.

PRIMERA LECTURA.
Génesis 21,5.8-20
El hijo de esa criada no va a repartirse la herencia con mi hijo Isaac

Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. El chico creció, y lo destetaron. El día que destetaron a Isaac, Abrahán dio un gran banquete. Pero Sara vio que el hijo que Abrahán había tenido de Hagar, la egipcia, jugaba con Isaac, y dijo a Abrahán: "Expulsa a esa criada y a su hijo, porque el hijo de esa criada no va a repartirse la herencia con mi hijo Isaac." Como al fin y al cabo era hijo suyo, Abrahán se llevó un gran disgusto. Pero Dios dijo a Abrahán: "No te aflijas por el niño y la criada. Haz exactamente lo que te dice Sara, porque es Isaac quien continúa tu descendencia. Aunque también del hijo de la criada sacaré un gran pueblo, por ser descendiente tuyo."

Abrahán madrugó, cogió pan y un odre de agua, se lo cargó a hombros a Hagar y la despidió con el niño. Ella se marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se le acabó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciéndose: "No puedo ver morir a mi hijo." Y se sentó a distancia. El niño rompió a llorar. Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Hagar desde el cielo, preguntándole: "¿Qué te pasa, Hagar? No temas, que Dios ha oído la voz del niño que está ahí. Levántate, toma al niño y tenlo bien agarrado de la mano, porque sacaré de él un gran pueblo." Dios le abrió los ojos, y divisó un pozo de agua; fue allá, llenó el odre y dio de beber al muchacho. Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 33
R/.Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias. / El ángel del Señor acampa / en torno a sus fieles y los protege. R.

Todos sus santos, temed al Señor, / porque nada les falta a los que le temen; / los ricos empobrecen y pasan hambre, / los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme: / os instruiré en el temor del Señor; / ¿hay alguien que ame la vida / y desee días de prosperidad? R.

SEGUNADA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Mateo 8,28-34
¿Has venido a atormentar a los demonios antes de tiempo?

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?" Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: "Si nos echas, mándanos a la piara." Jesús les dijo: "Id." Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Palabra del Señor.

 

Comentario de la Primera Lectura Gn 21, 5.8-20

El interludio de Ismael en el tema de la descendencia de Abraham tuvo en la tradición al menos dos versiones. La presente es una variante de Gén 16. Aunque parece un nuevo episodio, gracias al arte de la redacción, hay tanto de común entre los dos capítulos que no pueden sino considerarse como exponentes de la misma tradición. El duplicado se subsana por el detalle de la orden del ángel de Yavé a Agar de que vuelva a su señora (Gén 16. 9), lo cual da lugar a una segunda expulsión; y por el distanciamiento cronológica llevada a sus consecuencias: Abraham tenía ochenta y seis años cuando le nació Ismael (Gén 16, 16), y tenía cien cuando le nació Isaac (Gén 21, 5).

En conformidad con ello, en la primera versión Agar va al desierto con el niño en el seno; en la segunda el niño ya ha nacido; allí Isaac es todavía objeto de esperanza, aquí los dos niños juegan juntos. A raíz de este jugar se hace una nueva etimología del nombre de Isaac, en sentido de «jugar», cuando antes había significado el reírse ambiguo de Sara y luego, al nacer, su saltar de alegría. En la onomástica general el nombre es teofórico; en su forma completa Yishaq-El significa «Dios sonríe» o es propicio.

La versión que ahora leemos orienta la atención hacia la suerte de los dos niños, Isaac e Ismael. No se trata puramente de la suerte histórico-empírica, y, por lo mismo, no sería adecuado leer el capítulo a la luz de los sentimientos humanos que pudiera despertar. Este nivel de lectura está aquí sustentando un nivel de naturaleza teológica. Por la oposición de Sara a que Ismael comparta herencia de su hijo está el autor queriendo aludir al iulo privilegiado de identidad del pueblo de Abraham.

Abraham en el relato no parece situarse en ese cualiativo nivel de la promesa, en cuanto que se inclina como adre hacia los dos niños por igual. Pero con ello está mostrando otro aspecto de la promesa: el de compartir el bien que él tiene de Dios con todos los pueblos que están en su camino. En el caso Ismael representa a los ismaelitas, un grupo nómada vecino de Israel en la región del Neguev. Así lo mismo Sara que Abraham son encarnación de niveles teológicos, correspondientes a los varios capítulos de la alianza patriarcal.

La palabra de Dios en el relato reasume las dos líneas: Manda a Abraham que escuche a su mujer en lo que respecto al titulo de Isaac como heredero, pero sale al encuentro de Agar y de su hijo en el desierto, para asegurar la vida allí en donde las posibilidades naturales y la protección humana no la garantizan. Dios no escuchó sólo a Abraham, al concederle como hijo a Ismael, sino que escucha también el llanto del niño por sí mismo. El nombre de Ismael, «Dios escucha», se hace eco de ese pluridimensional escuchar de Dios, igual que el nombre de Isaac se hace eco del pluridimensional reír.

Ismael no tendrá grandeza dentro del pueblo de Isaac. Pero será él, a su vez cabeza de un gran pueblo, en cuya grandeza está igualmente Dios. Los rasgos de este pueblo se dibujan en el retrato del niño, el hombre del desierto, igual que se dibujan los de otros pueblos en su primer antepasado o epónimo. El autor remata su historia con la proclamación de que Dios está con Ismael. Este lleva consigo a un pueblo la bendición que Dios prometió a Abraham para todos los pueblos

Comentario del salmo 33

Es un salmo de acción de gracias individual. Quien toma la palabra ha atravesado una situación muy difícil, ha pasado por “temores” (5) y «angustias» (7), «ha consultado al Señor» (5), «ha gritado» (7) y ha sido escuchado. El Señor le «respondió» y lo “libró” (5), lo «escuchó» y lo “libró de todas sus angustias” (7) ahora esta persona está en el templo de Jerusalén para dar gracias. Está rodeada de gente (4.6, 12.15), pues la acción de gracias se hacía en voz alta, en un espacio abierto. El salmista hace su acción de gracias en público, de modo que mucha gente puede llegar a conocer el «favor alcanzado». De este modo, el salmo se convierte en catequesis.


Los salmos de acción de gracias tienen, normalmente, una introducción, un núcleo central y la conclusión. Este sólo tiene introducción (2-4) y núcleo central (5-23), sin conclusión, pues tal vez la oración de agradecimiento concluyera con la presentación de un sacrificio. Es un salmo alfabético, como tantos otros (véase, por ejemplo, el salmo 25). Esto quiere decir que, en su lengua original, cada versículo comienza con una de las letras del alfabeto hebreo. En las traducciones a nuestra lengua, este detalle se ha perdido. El núcleo (5-23) tiene dos partes. La primera (5-11) es la acción de gracias propiamente dicha; la segunda (12-23) funciona como una catequesis dirigida a los peregrinos, y tiene un deje del estilo sapiencial, esto es, quiere transmitir una experiencia acerca de la vida, de manera que los que escuchan puedan tener una existencia más larga y más próspera.

La introducción (2-4) presenta al salmista después de haber sido liberado y rodeado de fieles empobrecidos. Empieza a bendecir al Señor por toda la vida e invita a los pobres que le escuchan a alegrarse y a unirse a su acción de gracias. En la primera parte del núcleo (5-11) expone el drama que le ha tocado vivir, qué es lo que hizo y cómo fue liberado; en la segunda (12-2 3), convierte su caso en una enseñanza para la vida. Invita a los pobres a que se acerquen y escuchen. La lección es sencilla: no hay que imitar la actitud de los ricos que calumnian y mienten; hay que confiar en el Señor y acogerse a él para disfrutar de una vida larga y próspera.

Este salmo manifiesta la superación de un terrible conflicto. De hecho, la expresión «consulté al Señor» (5) se refiere a un acontecimiento concreto. Las personas acusadas injustamente y, a consecuencia de ello, perseguidas, iban a refugiarse al templo de Jerusalén. Allí pasaban la noche a la espera de una sentencia. Por la mañana, un sacerdote echaba las suertes para determinar si la persona acusada era culpable o inocente. Este fue el caso de quien compuso este salino. Pasó la noche en el templo, confiado, y por la mañana fue declarado inocente. Entonces decide dar gracias al Señor, manifestando ante los demás pobres que estaban allí las maravillas que Dios había hecho en su favor.

Este salmo nos da información acerca de la situación económica del salmista. Es pobre: «Este pobre gritó, el Señor lo escuchó y lo libró de todas sus angustias» (7). Y pobres son también las personas que lo rodean en el templo, en el momento de su acción de gracias: «Mi alma se gloría en el Señor: que escuchen los pobres y se alegren» (3). Además, el salmista invita a los empobrecidos a que proclamen su profesión de fe: «Repetid conmigo: ¡El Señor es grande! Ensalcemos juntos su nombre» (4).

¿Qué es lo que le había pasado a esta persona pobre? Antes de que lo declararan inocente, había pasado por momentos difíciles. De hecho, habla de «temores» (5) y «angustias» (7). Cuando presenta ante sus oyentes una especie de catequesis, recuerda los clamores de los justos (16) y sus gritos en los momentos de angustia (18). Estos justos tienen el corazón herido y andan desanimados (19) a causa de las desgracias que tienen que sufrir (20). ¿Qué es lo que hacen en situaciones como esta? Gritan (18) como había gritado el mismo salmista (7), refugiándose en el Señor, consultándolo (5), para ser declarados inocentes y obtener la salvación. Obran así porque temen al Señor (8.10.12) y se acogen a él (9.23).

¿Quién había acusado y perseguido a esta persona pobre? El salmo nos presenta a sus enemigos. Son ricos (11), su lengua pronuncia el mal y sus labios dicen mentiras (14); se les llama «malhechores» (17), son «malvados» y «odian al justo» (22). ¿Por qué se comportan de este modo? Ciertamente porque el justo los molesta, los denuncia, no les da respiro. Entonces lo odian, lo calumnian y lo persiguen, buscando e1 modo de arrancarle la vida. El profetismo del pobre incomoda a los ricos. El término «prosperar» (13) y su contexto (12-15) permiten sospechar cine la mentira de los ricos condujo al salmista a la pérdida de sus bienes y a ser perseguido a muerte.

Se trata de un salmo que hace una larga profesión de fe en el Dios de la Alianza, aquel que escucha el clamor de su pueblo, que toma partido por el pobre que padece injusticias y lo libera, Dejemos que el salmo mismo nos muestre el rostro de Dios. Este responde y libra (5), «escucha» (7) y su ángel acampa en torno a los que lo temen y los libera (8). Es esta una enérgica imagen que muestra al Dios amigo y aliado como un guerrero que lucha en defensa de su compañero de alianza. Además, el Señor no permite que falte nada a los que lo temen y lo buscan (10.11), cuida de los justos (16) y escucha atentamente sus clamores (16), se enfrenta con los malhechores y borra de la tierra su memoria (17), escucha los gritos de los justos y los libra de todas sus angustias (18), está cerca de los de corazón herido y salva a los que están desanimados (19); libera al justo de todas sus desgracias (20), protegiendo sus huesos (21); se enfrenta a los malvados y los castiga (22), rescatando la vida de sus siervos, esto es, de los justos que lo temen (23).

Este largo rosario de acciones del Señor puede resumirse en una única idea: se trata del Dios del éxodo, que escucha el clamor de los que padecen injusticias y baja para liberarlos. A cuantos se han beneficiado de esta liberación sólo les resta una cosa: aclamar y celebrar al Señor liberador.

Este salmo hace una larga profesión de fe en el Dios de la Alianza, aquel que escucha el clamor de su pueblo, que toma partido por el pobre que padece injusticias y lo libera, Dejemos que el salmo mismo nos muestre el rostro de Dios. Este responde y libra (5), «escucha» (7) y su ángel acampa en torno a los que lo temen y los libera (8). Es esta una enérgica imagen que muestra al Dios amigo y aliado como un guerrero que lucha en defensa de su compañero de alianza. Además, el Señor no permite que falte nada a los que lo temen y lo buscan (10.11), cuida de los justos (16) y escucha atentamente sus clamores (16), se enfrenta con los malhechores y borra de la tierra su memoria (17), escucha los gritos de los justos y los libra de todas sus angustias (18), está cerca de los de corazón herido y salva a los que están desanimados (19); libera al justo de todas sus desgracias (20), protegiendo sus huesos (21); se enfrenta a los malvados y los castiga (22), rescatando la vida de sus siervos, esto es, de los justos que lo temen (23).

Este largo rosario de acciones del Señor puede resumirse en una única idea: se trata del Dios del éxodo, que escucha el clamor de los que padecen injusticias y baja para liberarlos. A cuantos se han beneficiado de esta liberación sólo les resta una cosa: aclamar y celebrar al Señor liberador.

Este salmo recibe en Jesús un nuevo sentido, insuperable. Su mismo nombre resume todo lo que hizo en favor de los pobres que claman (“Jesús” significa «El Señor salva»). La misión de Jesús consistía en llevar la buena nueva a los pobres (Lc 4,18).

María de Nazaret ocupa el lugar social de los empobrecidos y, en su cántico, retorna el versículo 11 de este salmo: «Los ricos empobrecen y pasan hambre» (compárese con Lc 1,53). Los pobres dan gracias a Jesús por la salvación que les ha traído. Este es, por ejemplo, el caso de María, que unge con perfume los pies de Jesús (Jn 12,3), en señal de agradecimiento por haberle devuelto la vida a su hermano Lázaro.

Es un salmo de acción de gracias. Conviene rezarlo sobre todo cuando queremos dar gracias por la presencia y la acción liberadora de Dios en nuestra vida, especialmente en la vida de los empobrecidos, de los perseguidos y de los que padecen la injusticia. Si nosotros no vivirnos una situación semejante a la del salmista pobre, es bueno que lo recemos en sintonía y solidaridad con los pobres que van siendo liberados de las opresiones y las injusticias.

Comentario del Santo Evangelio: Mateo 8,28-34.

La imposibilidad de llegar a Dios a causa de la oposición por parte de las fuerzas del mal encuentra en Jesús un «nuevo camino». La imagen de los «sepulcros», la fuerza de Jesús respecto a los demonios y su «debilidad», casi dócil, respecto a los hombres, convierten esta escena en el claro reflejo de una meditación sobre la pasión, con todos los claroscuros del poder de Cristo Señor, así como del duro y espantado rechazo por parte de los hombres. Singularmente eficaz es la reacción de rechazo de la muchedumbre, de «toda la ciudad», que lo aleja de su propio territorio. La expresión «antes del tiempo» expresa de manera adecuada esta relación entre la escena y la pasión (el tiempo del cumplimiento), cuando Jesús —aunque expulsado fuera del territorio de la Ciudad Santa— vencerá sobre la fuerza negativa de la muerte, sobre la dispersión de la Iglesia, y conseguirá abrir el paso para «pasar por aquel camino». El es el Señor, a quien «ha sido dado todo poder en la tierra» (Mt 28,18), aunque aparece como tal sólo en el misterio insondable de la cruz.

La escucha de la Palabra de su Señor guía al hombre para «buscar el bien y no el mal». La obra del hombre responde a la Palabra de Dios. Ahora bien, tales correspondencias se vuelven arriesgadas cuando están inscritas en la acción misma del hombre. El acto de culto, la fiesta, el holocausto, el sacrificio, el don, se vuelven entonces detestables y merecen el rechazo. Cuando pierden la correspondencia con Dios y se convierten en autoseguridad para el hombre, hasta las mejores expresiones de la religión pierden su alma. El discurrir el derecho y la justicia como agua y «como río inagotable» constituyen la figura de la liberación del hombre a la que se refiere los actos del culto. El cristiano tiene su nuevo culto «en el Señor Jesús», en su cuerpo y en su sangre, en el sacrificio puro de su cumplimiento de la voluntad del Padre, que los hombres no comprenden y rechazan.

Comentario del Santo Evangelio para nuestros Mayores. (Mt 8,28-34). Los dos endemoniados de Gerasa.

Tras bajar de la montaña, Jesús realiza algunos milagros que suscitan estupor y santo temor: “¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?” (v. 27). Con el transcurso del tiempo su poder salvífico se hace cada vez más manifiesto. Mateo había señalado precedentemente que, llegada la noche, le llevaron muchos endemoniados y él expulsó a los espíritus con su palabra (cf. 8,16). Ahora encontramos el relato explícito de un exorcismo. Jesús ha pasado ahora a la otra orilla (vv. 18.28); en consecuencia, desafía a Satanás en tierra pagana, o sea, en su propio territorio, allí donde el maligno manda. De inmediato le salen al encuentro dos endemoniados relegados a los sepulcros, lugar en el que —como en el desierto— el enemigo de la vida parece triunfar de manera indiscutible. Son los mismos demonios, molestos señores de dos hombres, los que gritan la verdadera identidad de Jesús: « ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Hijo de Dios —así le increpan—? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?» (v. 29). Reconocen la autoridad de Jesús y saben también que les queda poco tiempo (cf. Ap 12,12): con la instauración del Reino de Dios serán precipitados, efectivamente, en el abismo del fuego eterno. Jesús no se deja atemorizar en absoluto por sus estrépitos; al expulsarlos con la fuerza de su palabra, muestra claramente que el Reino de Dios está ya presente y empieza a difundir- se (cf. Mt 4,17).

La escena está dominada por un fuerte contraste: Jesús está solo y contra él están muchos demonios, como deja entender el hecho de que, tras ser expulsados, piden —por consiguiente, sólo pueden hacerlo con un permiso explícito— poder entrar en una piara de cerdos, animales considerados tradicionalmente como inmundos. El poder de Jesús es tal que con su sola palabra se precipitan inmediata y definitivamente en el lago de abajo.

Comentario del Santo Evangelio de Joven para Joven. Posesión de un espíritu maligno (Mt 8,28-34).

Dos endemoniados.
Muchos no creen en la posesión de los espíritus malignos. Creen que se trata de una enfermedad que provoca esos síntomas. Y, sin embargo, todos experimentamos continuamente los estados inicales de la posesión. La dignidad humana exige la plena libertad; pero cuánta gente vive en esclavitud, cuántos están obligados a emigrar, cuántos se pudren injustamente en la cárcel. Todo esto se llama violencia porque viene del exterior; pero el hombre es esclavizado también desde el interior.

Con frecuencia, decimos que alguien está «poseído» por una pasión hasta el punto de no poderse controlar y de comportarse de modo irresponsable. Querríamos ayudarlo, tenemos compasión de él, pero nos sentimos impotentes ante la virulencia de su idea fija. ¿Cómo nacen estas perversiones? Dejamos la explicación a médicos y psicólogos, en la medida en que son capaces de explicarlo. Pero sabemos que estas ideas fijas, a veces, tienen su origen en la sugestión ejercida por los demás, como una especie de hipnosis. Entonces, lo primero es alejarse de aquellos que la provocan.

¿Estamos seguros de que sólo los hombres ejercen sugestiones sobre nosotros? La Biblia cree en la influencia del espíritu maligno y los santos tenían experiencia de esto, precisamente, porque intentaban liberarse completamente del mal.

¿Qué hay entre tú y nosotros, Jesús, Hijo de Dios?
Los terapeutas de la hipnosis no permiten que nadie esté presente durante el tratamiento. También en la vida normal, quien desea ejercer influencia sobre otro, prefiere estar a solas con él. En el caso de la posesión del espíritu maligno, el poseído reacciona con violencia a la simple presencia de un objeto sagrado, por ejemplo, una imagen sacra o agua bendita. Pero son casos excepcionales.

En la vida normal sucede lo mismo, pero a escala reducida, Por ejemplo, quien está poseído por la pasión sexual evita entrar en la iglesia; quien está enfurecido con alguien no se pone a meditar el evangelio. Son estados de ánimo que se excluyen mutuamente. Hasta que un hombre no es capaz de tomar una decisión libre de la influencia negativa, debe reforzar su compromiso para hacer el bien. San Agustín se liberó de la posesión de los pensamientos sexuales leyendo la Sagrada Escritura, donde hay palabras que el espíritu impuro no soporta.

Le suplicaron que se alejase de su región.
Los animales tienen un gran sentido del propio territorio del que alejan a los animales extraños. También lo hacen los perros. Los hombres hacen lo mismo con la propia habitación. ¿Por qué existen todas estas barreras? Nos construimos una imagen propia de vida y de identidad y todo lo que no es coherente es una molestia. Sin embargo, se puede tener una idea equivocada sobre lo que es extraño o molesto. Por ejemplo, se puede cometer un trágico error y considerar a Cristo y su enseñanza como elementos molestos. Entonces le pide a Cristo que no entre en el propio territorio.

Según las palabras de san Juan «los hombres prefirieron las tinieblas a la luz» (Jn 3,19) porque la luz cambiaría el aspecto de muchas cosas que en la oscuridad parecen bonitas. Pero la noche es el mejor momento para el sueño. Al despertarse se enciende la luz y se empieza a trabajar. A los que quieren recorrer el camino de las obras buenas les gusta la presencia de Cristo, que es la luz de todo hombre que viene al mundo.

Comentario del Santo Evangelio para nuestros Mayores. (Mt 8, 23-27).Quién es éste?

El milagro debe ser entendido como predicación, anuncio del evangelio. De ahí que lo esencial en su narración no sea la reproducción mecánicamente exacta de lo ocurrido. Basta recoger el hecho en sus rasgos esenciales y descubrir su dimensión reveladora. La historia puede quedar un tanto difuminada, desaparece el cuándo y el dónde y otras circunstancias que son tan importantes en la narración histórica. Se estiliza el relato en orden a que la finalidad del evangelista logre, del mejor modo posible, su propósito. Así ocurre en nuestra narración que, esencialmente, depende del relato de Marcos.

Que Jesús haya calmado la tempestad en el mar no es lo verdaderamente importante para el evangelista. Su intención, detrás del hecho, consiste en presentarnos a Jesús, a los discípulos, a la Iglesia. Dice el texto que “sus discípulos lo siguieron”. Esta frase, que no se encuentra en Marcos, tiene una gran importancia en la narración de Mateo: presenta el rasgo esencial que define el discipulado de Jesús: seguirlo. Y, lo mismo que aquellos discípulos, todos los discípulos, la Iglesia. De hecho, el verbo «seguir» en los evangelios es utilizado únicamente cuando el objeto del mismo es Jesús. Indica la unión del discípulo con el Jesús de la historia, participar en su destino, entrar en el Reino mediante una pertenencia a Cristo por la obediencia y la confianza.

La confianza nace de la fe o, tal vez mejor, la fe tiene una esencial dimensión en la confianza. Los discípulos que se hallaban en la barca no tienen confianza, son «hombres de poca fe». Pero la narración no recoge únicamente aquel momento, sino tiene también en cuenta el tiempo en el que escribe Mateo: la Iglesia estaba perseguida, luchaba a brazo partido, a semejanza de la barca entre las olas de un mar embravecido, para no hundirse; llegó en muchas ocasiones el desaliento, el desánimo e incluso la defección. Por ser palabra de Dios, el relato, partiendo de lo ocurrido entonces, sigue hablando en todos los tiempos y circunstancias a cada uno de los discípulos.

La actitud de los discípulos resulta desconcertante. Por un lado creen que Jesús tiene poder suficiente para calmar el mar y que no se trague la barca; por otro, temen el hundimiento. El poder de Dios está en Jesús; ellos lo saben y, sin embargo, se extrañan cuando lo manifiesta. Esto no es lo propio del discípulo. Tal vez por eso, Mateo intenta suavizar la antinomia en la conducta de los discípulos y, al terminar su relato, habla de «aquellos hombres», no dice «discípulos». El asombro, el desconcierto ante una cosa que no esperaban —y que, sin embargo, sabían que podía ocurrir— es la actitud no del discípulo sino, más bien, del medio creyente o del que vive alienado, prácticamente al menos, de Dios. El poder de Dios actúa en Jesús, pero ellos son hombres no abiertos a ese poder de Dios.

Lo propio del discípulo sería la fe, la confianza y la valentía de fiarse del poder de Dios que está por encima de la bravura del mar. Así este milagro afirma que Dios está presente, particularmente en y a través de Jesús, con todo su poder de victoria sobre la muerte y los peligros mortales. Es la convicción profunda que deben tener los discípulos de Jesús y la Iglesia como tal.

El interrogante final, « ¿quién es éste?», simboliza la actitud de incredulidad de quien quiere explicarlo todo racionalmente. O tal vez pretenda el evangelista que el interrogante sea contestado desde el conjunto de la narración. Sería entonces una confesión de fe.

Elevación Espiritual para este día.

El Señor Jesucristo, con esto de haberse hecho carne, abrió a la esperanza la carne nuestra. Porque tomó lo que ya conocíamos en esta tierra, donde tanto abunda: el nacer y el morir. Abundaba eso: el nacer y el morir; el resucitar y vivir eternamente no lo había acá. Halló aquí viles mercaderías terrestres, y trajo consigo los peregrinos géneros celestes. Ahora, si el morir te causa espanto, ama la resurrección. Hizo de su tribulación socorro para ti, porque tu salud no valía para nada.
Aprendamos, por tanto, hermanos, a conocer y amar esa salud, que no es de este mundo, es decir, la Salud eterna, y vivamos en este mundo como peregrinos.

Reflexión Espiritual para el día,

La cuestión de saber qué es el cristianismo y quién es Cristo para nosotros hoy, me preocupa constantemente. El tiempo en que se podía decir todo a los hombres, por medio de palabras teológicas o piadosas, ha pasado, lo mismo que el tiempo de la espiritualidad y de la conciencia, es decir, el tiempo de la religión en general. Vamos al encuentro de una época totalmente irreligiosa; los hombres, tal como son, simplemente ya no pueden seguir siendo religiosos; incluso los que se declaran honestamente religiosos no practican en modo alguno su religión; por consiguiente, es probable que entiendan el término en un sentido completamente diferente.

Si la religión es sólo un vestido del cristianismo —y este vestido ha asumido también aspectos muy distintos en diferentes tiempos—, ¿qué será un cristianismo no religioso? ¿Qué significado tienen el culto y la oración en la irreligiosidad? ¿Adquiere tal vez una nueva importancia en este punto la disciplina del arcano o, bien, la distinción entre penúltimo y último? Debemos restablecer una disciplina del arcano que proteja de la profanación los misterios de la fe cristiana.

El rostro de los personajes y pasajes de la Sagrada Biblia. Génesis 21, 5; 8-20. Abraham tenía cien años cuando nació su hijo Isaac.

Dios es fiel. Mantiene sus promesas.
La fe de Abraham, puesta a prueba tanto tiempo, no fue vana. Después de una larga espera, el plan de Dios se realiza. ¡No tienes prisa, Señor! Toda la eternidad es tuya para que cumplas, para que termines tu creación. En la seguridad de que también se cumplirán todas tus otras promesas: la de la victoria definitiva contra el mal... la promesa del Espíritu Santo a tu Iglesia... la promesa de satisfacer las oraciones de tus fieles.

Saboreamos en silencio esas promesas que nos has hecho, Señor:
«Haré un cielo nuevo y una tierra nueva: no habrá ya muerte, ni llantos, ni gemidos, ni penas porque he aquí que hago un universo nuevo...»
«No temáis, pequeño rebaño. He vencido al mundo. Estaré con vosotros hasta el fin del mundo...»
«Todo lo que pediréis en mi nombre, lo haré. Llamad y se os abrirá.»
A pesar de las apariencias contrarias, a pesar de las demoras, todas esas promesas divinas tendrán un día su cumplimiento. Tengo fe en Ti, Señor. Incluso si he de esperar mucho tiempo en la fidelidad, como Abraham.
Despide a esa sirvienta y a su hijo; pues éste no ha de heredar juntamente con mi hijo Isaac.

Estas palabras disgustaron mucho a Abraham. Pero Dios le dijo: «No lo sientas, ni por el chico ni por tu sirvienta.» Abraham es llevado a reflexionar sobre la rivalidad que va creciendo ante sus ojos. Sufre por ello, ruega sin duda por este «hecho», pidiendo que Dios le conceda sus luces. Y Dios contesta. Le da a entender que la Promesa pasa por Isaac... pero que Ismael tendrá también un destino útil...

La fe de Abraham es ejemplar, es la de un creyente que es «padre». Su preocupación paternal viene a ser como una parábola de la Paternidad divina. Los padres y madres de Hoy, han de orar también a partir de las situaciones que sus hijos provocan...
Como llegase a faltar el agua del odre, Agar colocó al niño debajo de una mata y ella fue a sentarse enfrente a distancia de un tiro de arco; pues decía: «No quiero ver morir al niño» y se puso a llorar a gritos. Dios oyó los gritos del niño.

Esta última frase es conmovedora.
La Biblia es realmente sorprendente en la simplicidad de su trato con Dios. Tras la imagen, se nos revela una idea muy pura de Dios. Un Dios que, una vez más, está atento, un Dios que escucha. Ningún sufrimiento humano, ningún grito lo deja indiferente.

Ayúdanos, Señor, a parecernos a ti. ¿Oiremos nosotros, en nuestra vida, las llamadas y los sufrimientos de nuestros hermanos?
No temas. ¡Arriba! Levanta al pequeño y tómalo fuertemente de la mano, porque haré de él un gran pueblo.

Actitud constante de Dios: levantar, ¡poner al hombre de pie! Volver a tener el valor y el gusto de vivir, dar un «sentido» a la vida.
Te rogamos, Señor, por todos los desanimados de la existencia, por todos los niños que siguen gritando en los países del hambre, por todas las madres que están al borde de la desesperación, por todos los que necesitan levantarse.

Enviado por Administracion el Miércoles, 01 julio a las 00:00:00 (10 Lecturas)
 
Lecturas del día 30-06-2015

LITURGIA DE LA PALABRA.

Gn 19,15-29: “El Señor hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra”
Sal 25: Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.
Mt 8,23-27: “Increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma”

Los discípulos se sienten apabullados ante la magnitud de las olas. Esta imagen representa a la pequeña comunidad cristiana después de la muerte de Jesús. Antes, cuando estaban en la orilla segura junto al Maestro, se sentían capaces de vencer al mundo; ahora, en medio de las adversidades de la historia, mientras el Maestro yace dormido en el fondo de la barca, todos se aterrorizan y claman a grandes voces. Jesús calma el temor y les exige la respuesta de la fe. Esta imagen de la barca abatida por las olas la podemos aplicar a las comunidades cristianas. En ciertos momentos de la historia se sienten poderosas, capaces de doblegar el destino; sin embargo, ante la vastedad y complejidad de la historia, la comunidad eclesial es apenas un trozo de madera que sobrevive más por la gracia de Dios que por la pericia de pilotos y tripulantes. La única tabla de salvación a la que puede recurrir la comunidad es la experiencia del Resucitado, que le exige la respuesta de la fe y la fidelidad. La tripulación debe sobreponerse, navegar hasta la otra orilla y no ceder a la tentación del pánico o de querer retroceder.

PRIMERA LECTURA.
Génesis 19,15-29
El Señor hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma i Gomorra

En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: "Anda, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas, para que no perezcan por culpa de Sodoma." Y, como no se decidía, los agarraron de la mano, a él, a su mujer y a las dos hijas, a quienes el Señor perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad. Una vez fuera, le dijeron: "Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer." Lot les respondió: "No. Vuestro siervo goza de vuestro favor, pues me habéis salvado la vida, tratándome con gran misericordia; yo no puedo ponerme a salvo en los montes, el desastre me alcanzará y moriré. Mira, ahí cerca hay una ciudad pequeña donde puedo refugiarme y escapar del peligro. Como la ciudad es pequeña, salvaré allí la vida." Le contestó: "Accedo a lo que pides: no arrasaré esa ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues." Por eso la ciudad se llama La Pequeña. Cuando Lot llegó a La Pequeña, salía el sol. El Señor, desde el cielo, hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal.

Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección a Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como el humo de un horno. Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, arrasando las ciudades donde había vivido Lot, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 25
R/.Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.

Escrútame, Señor, ponme a prueba, / sondea mis entrañas y mi corazón, / porque tengo ante los ojos tu bondad, / y camino en tu verdad. R.

No arrebates mi alma con los pecadores, / ni mi vida con los sanguinarios, / que en su izquierda llevan infamias, / y su derecha está llena de sobornos. R.

Yo, en cambio, camino en la integridad; / sálvame, ten misericordia de mí. / Mi pie se mantiene en el camino llano; / en la asamblea bendeciré al Señor. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Mateo 8,23-27
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!" Él les dijo: "¡Cobardes! ¡Qué poca fe!" Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: "¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!"

Palabra del Señor.
Enviado por Administracion el Martes, 30 junio a las 00:00:00 (79 Lecturas)
 
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