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Bienvenidos a nuestra Página Web

Esta página web nace con nuestro mayor cariño para dar a conocer, dentro de nuestras humildes posibilidades, la Palabra de Dios; los usos y  costumbres de la Iglesia Católica; la Compostura ante nuestro Dios dentro del Claustro de la Iglesia; diversas oraciones que los católicos debemos aprender; y otros muchos aspectos relacionados con nuestra Iglesia, algunos bien conocidos y otros menos.

También tendrán cabida, en cada una de las secciones, nuestras reflexiones en voz alta, que esperemos sean de ayuda para aquellos que nos honren con su visita en busca de mejorar su espiritualidad.

Además, si desea solicitarnos una oración para algún amigo o familar, remítanos su nombre utilizando el formulario que encontrará en ESTE ENLACE.

Gracias os damos

Gracias os damos, Dios de misericordia, por haber señalado vuestra clemencia para con nosotros al bendecir esta página, que comenzó su andadura hace ahora tres años, con un 6..000.000 de visitantes, a los cuales les damos gracias por atender lo que propusimos en el comienzo de nuestro caminar, al amparo misericordioso de vuestra Santa Palabra, atendiéndola, aprendiéndola y cumpliéndola bajo vuestra protección.


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Lecturas del día 14-02-2016

LITURGIA DE LA PALABRA.

Dt 26,4-10: “Y el Señor miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia”
Salmo 90: “Acompáñame, Señor, en la tribulación”
Rom 10,8-13: "La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón"
Lc 4,1-13: Las tentaciones de Jesús según Lucas

Analisis.

El texto de Deuteronomio 26 revela, claramente el uso de los “dos tiempos” que usa con frecuencia el autor: el tiempo de Moisés, y el tiempo del autor, sea este exílico o post-exílico, como piensan los estudiosos. Comienza con una frase que es muy frecuente en Dt: “cuando entres en la tierra que Yahvé te da” (6,10; 7,1; 11,29; 17,14; 18,9), sea porque es una tierra que hemos perdido por no haber hecho eso, o porque señale lo que debemos hacer cuando regresemos a ella, o insista particularmente en la reconstrucción del Templo, el “lugar que “Yahvé ha elegido” (cf. 12,5.11.14)... Es interesante notar que el sacerdote es mencionado pero no juega aquí ningún papel más que depositar la cesta en el altar (e incluso en v. 10b el que deposita es el mismo oferente).

Esta ofrenda se hace con unas palabras que debe pronunciar el “tú” al que se dirige. Este texto: “mi padre era un arameo errante”, fue motivo de arduas discusiones entre los estudiosos hace muchos años. Hoy parece que las aguas se han aquietado. Se afirmó -el gran biblista alemán G. von Rad- que estamos ante un “credo primitivo”, pronunciado en el santuario de Guilgal en la liturgia, y que representa el corazón histórico de Israel. Todo el Hexateuco, sigue diciendo, de formula a partir de este texto. Hoy tenemos muchos elementos para cuestionar su antigüedad, y podemos pensar que otros “credos” (como quizás el de Núm 20,14b-16) son más antiguos. Por otra parte, el esquema opresión-clamor-liberación es muy característico del autor deuteronomista (particularmente del libro de los Jueces) como para pensar en una pura originalidad. La importancia de la tierra, como lugar del descanso, tierra dada por Yahvé también es muy importante en el deuteronomista por lo que no parece fácil seguir sosteniendo lo que von Rad decía, pero sin embargo hay un elemento que es característico de los credos israelitas, y no debiera discutirse, y es la mordiente histórica. El Dios de Israel es un Dios que se revela en la historia de su pueblo, en la de ayer y la de hoy. En este sentido es muy importante notar, por un lado los usos de las primeras personas del singular, y los plurales: el orante se planta personalmente ante Dios (“mi padre”, “traigo”...) pero cuando debe hacer memoria de su pecado y la intervención salvadora de Dios recurre al plural: “nos maltrataron”, “nos oprimieron”, “nos impusieron servidumbre”, “clamamos”, “escuchó nuestra voz”... “nos trajo”). Ese cambio de personas puede resumirse diciendo “mi padre era Israel, por lo tanto nosotros somos Israel”.

Esa latencia de pasado y presente, singular y plural mantiene vivo a Israel, y haciendo presente todo esto, presentado como reconocimiento de los dones de Dios, el mayor de los cuales es la tierra, esa ofrenda se transforma en un pueblo que se postra ante su Dios y reconoce que de él, y no de los dioses de la fecundidad o la tierra le vienen los dones. Postrarse ante Dios, bienes en mano, es reconocer que la idolatría es estéril, y que Yahvé es el único ante el cual es sensato agradecer, y a quien es justo adorar.


La Iglesia nos propone el Salmo 91 (90) por ser, precisamente, el que utilizará el diablo en la tentación. Quizá para que podamos ver cómo sacar un texto de contexto puede ser diabólico.

El Salmo parece manifestar una predilección por las parejas de cuatro cosas, y aquí las encontraremos abundantemente. Comienza con cuatro nombres divinos (vv. 1-2), la protección se da en cuatro momentos del día (vv. 5-6), los adversarios son imaginados como cuatro calamidades en esos mismos momentos (vv. 5-6), o como cuatro bestias (v. 13); y a esto deben agregarse otras imágenes tanto de la adversidad (red, cazador, peste, imágenes bélicas, malvados, tropiezo), como de la protección divina (plumas, alas, manos de ángeles, escudo y armadura, refugio, morada, tienda). Como se ve en el juego de las metáforas, encontramos elementos propios de la guerra, de la hospitalidad, de la vida campesina e incluso mitológica, todos en conflicto unos con otros (por ejemplo, mientras a derecha e izquierda caen mil y diez mil, y vuela la flecha, el fiel es protegido con escudo y armadura; mientras amenazan leones, víboras y dragones, lo protegen alas y plumas; mientras lo amenazan dragones lo cuidan querubines...).

No es unánime la opinión de frente a qué tipo de Salmo nos encontramos, y esto condiciona la interpretación. Unos piensan en un diálogo litúrgico, otros en una homilía sapiencial. Veamos brevemente la estructura que el mismo Salmo nos da de sí mismo para así descubrir su “movimiento” interno.

Tres veces se repite kî + pronombre (v. 3: “porque él”, referido a Dios; v. 9: “porque tú”, referido al que confía en Dios; v. 14: “porque a mí”, es Dios el que habla), y esto permite estructurar el texto. Pensar en un diálogo litúrgico entre un animador y un orante tiene el problema de que en v. 9a debe modificar “hiciste del Señor tu refugio” poniendo a cambio “tú, Señor, eres mi refugio”, que tiene ligero apoyo documental, pero además, no da una explicación satisfactoria a la intervención de Dios en v. 14. Lo que sí es evidente es que estamos ante un Salmo de confianza.

Después de una presentación de esta confianza expresada con cuatro verbos: habitar, hospedar, decir ‘refugio y fortaleza’, confiar se pasa a una doble motivación que introducen sendas sub-unidades: v. 3, porque él, v. 9, porque tú; y la resistencia a los adversarios expresados en la primera con simbología bélica (flecha, caída de mil y diez mil, escudo, armadura) y en la segunda con simbología animal (leones, víboras, leones y dragones). Esta segunda estrofa recuerda algunos elementos del comienzo repitiendo algunos términos (Yahwéh, Elyón, refugio). Toda esta confianza tiene una conclusión salvífica en la intervención de Dios a modo de oráculo (tercera sub-unidad: porque a mí); ésta ya venía preparada por una serie de imágenes, y se expresa con verbos que se aglutinan al final en gran cantidad: liberar (v. 3 _mr), custodiar (v. 14), liberar (v.14 sgb), poner en alto (v. 14), liberar (v. 15 hls), hacer triunfar (v. 15), salvar (v. 16). Después de dejar esto claro, la simbología de la destrucción puede ser todo lo terrible que pueda imaginarse que no causa temor alguno: así red de cazador, peste funesta, espanto nocturno, flecha, peste, epidemia, malvados, plaga, desgracia, piedra, león, víbora, león (el hebreo parece conocer o bien cuatro tipos de leones, o sino cuatro modo de nombrarlos; aquí utiliza shl y kpyr) y el dragón... nada de esto hace temer al que se mantiene fiel a Dios, al que conoce su nombre, al que lo quiere (está enamorado de él). Es el Dios que siempre estuvo con su pueblo, desde que fue conocido como Elyón (Altísimo) en los tiempos muy antiguos (ver Gen 14), hasta en los primeros asentamientos en la tierra, recordado como _adday (su etimología no es clara; la Biblia griega lo tradujo por “todopoderoso”, pero no parece provenir de _dd, fuerza, poder; parece tener que ver con el monte, _adû, `_l del monte; ver Gen 17,1; 28,3; 35,11; 43,14; 49,5; Ex 6,3), es reconocido como Yahwéh, nombre revelado a Moisés en el desierto y con el que se lo llamará en adelante (Ex 3,15), o sencillamente “Dios mío” (Eli). Dios mismo, o sus mensajeros, protegen al amigo, o huésped (pluma y alas “de Dios”, no de los ángeles -que tienen manos- parece remitir a la imagen de los querubines del templo, (Sal 17,8; 36,8; 57,2; 63,8; ver Ex 19,4; Dt 32,11; Rt 2,12; con mucha frecuencia encontramos el término en Ez 1 refiriéndose a la gloria de Dios, en 28,14 habla del “querubín protector de alas desplegadas”, y el Sal 61,5: “¡Que sea yo siempre huésped de tu tienda, y me acoja al amparo de tus alas!”). La confianza está puesta en Dios, y por tanto es él mismo el que protege a quien se vuelve a Él. “Interpreta mal las Escrituras el diablo” comenta san Jerónimo con ironía. Orígenes agrega: “¿por qué no citas también ese versículo?”, refiriéndose al que alude a pisar la víbora: “¡no lo citas porque el áspid sobre la cual Cristo camina eres tú!”...


Luego de la sección teológica de la carta (caps 1-8) y antes de la sección parenética (caps. 12-15), Pablo introduce en la carta a los Romanos un paréntesis sobre Israel (caps. 9-11). Paréntesis que no es ajeno a la totalidad de la misma ya que desde el comienzo nos dijo que la salvación es para todos, pero “primero para los judíos” (1,16; 2,10). Sin embargo, sus “hermanos de raza” demoran en reconocer a Cristo, y Pablo manifiesta su dolor por ello; de todos modos lo ve como un tiempo pedagógico de Dios para dar oportunidad a la conversión de los paganos. Después -quizá movidos por los celos- todo Israel se salvará (11,26). Pero esto no exime de responsabilidad a los judíos ya que miran la justicia que les viene de ellos mismos y no la que viene de Dios. La iniciativa de Dios (gracia) es uno de los temas centrales de la teología paulina, y es grave creer que de nosotros depende. Ese es el motivo, además, por el que Pablo abunda en citas de la Escritura en esta unidad. Este es el marco del párrafo que hoy nos propone la liturgia. Es evidente, y el manejo de los textos lo confirma, que Pablo es consciente de estar polemizando.

El texto, en realidad es una unidad desde el v.1, pero que en v.5 comienza a desarrollar lo que hasta allí había anunciado. En una clásica lectura midrásica, Pablo integra Lev 18,5 expresamente citado según la fórmula clásica de pésher como encontramos en Qumrán, junto con Dt 9,4 y 30,12 unido al Sal 107,26. La lectura cristológica de estos párrafos señala la cercanía de la palabra de fe que nos alcanza la justicia. La relación corazón, sede del pensamiento y boca, sede de las palabra es estrecha. Con el corazón creemos y con la boca proclamamos esa fe, fe que se expresa en la sencilla fórmula fundamental: “Jesús es Señor”, confesión decisiva para el creyente (1 Cor 12,3; 2 Cor 4,5; Fil 2,11), y en el reconocimiento de que “Dios lo resucitó” (1 Cor 6,14; Gal 1,1). En un interesante quiasmo en el que aparecen confesar - boca - creer - corazón / corazón - creer - boca - confesar se deja en el centro el ser salvos por esa fe confesada.

“Todo el que crea en él” es un texto de Is que con mucha frecuencia ha sido leído cristológicamente (piedra elegida, preciosa, angular y fundamental...), que se refiere a Yahwéh presente en Jerusalén. Poner la confianza en Jerusalén era algo verdaderamente idolátrico, era una búsqueda de seguridad no puesta exclusivamente en Dios. De allí que esta piedra sea a su vez de tropiezo y de salvación. Depende dónde esté puesta la confianza, si en Dios, o en las cosas de Dios manipuladas idolátricamente (“no hay una sola verdad de fe que no podamos manipular idolátricamente”, G. von Rad). Y también de la Ley el pueblo puede hacerse un ídolo. No es la ley la que salva, sino Yavé, o Jesucristo, en quien Dios interviene salvando. Y por eso es salvador de todos, tanto judíos como paganos. Una nueva lectura cristológica lo confirma: “el que invoque el nombre del Señor se salvará”; el texto de Joel se refería al “nombre de Yavé”, pero acá Señor es el resucitado, el que ha sido proclamado “Jesús es Señor”. La salvación no llega por obras o acciones humanas sino por la iniciativa de Dios, el cual debe ser creído y proclamado para la salvación de todos, salvación que comienza en el bautismo y nos compromete en la evangelización de proclamar lo hemos creído... .


Ya el Evangelio de Marcos, en un relato mucho más abreviado nos había informado de la tentación de Jesús en el desierto . En este caso, tentado durante cuarenta días. Mateo y Lucas, presentan un relato mucho más detallado, expresado en tres tentaciones. Siendo que el momento transcurre a solas entre Jesús y el tentador, la pregunta podría imponerse: ¿cómo se entera el narrador de los acontecimientos y palabras que se sucedieron allí? Las respuestas casi exclusivamente bíblicas del Señor nos llevan a una primera conclusión: la comunidad cristiana, sus “escribas”, presenta a Jesús sometido íntegramente al plan de Dios.

Siendo común a Mateo y Lucas, el relato nos remite a la fuente que tienen en común (Q), aunque en este caso no se limita a solo “dichos” sino que también presenta “hechos”. Una pregunta sería cuál es más fiel a la fuente, o -para ser más claro- ¿cuál la modifica y cuál puede ser su intención teológica para hacerlo? En primer lugar, Mateo y Lucas presentan en orden inverso la segunda y tercera tentación. ¿Mateo lleva al final la referencia a la “montaña alta”, que le interesa teológicamente o bien Lucas hace lo propio con Jerusalén por el mismo motivo? Veamos brevemente las otras diferencias: Mateo da un sentido a los 40 días sin alimento, de los que Marcos no habla, presentándolos como “ayuno”. Lucas, quizás pensando en Moisés (Ex 34,28; cfr 1 Re 19,1-8), dice simplemente “no comió nada”. Lucas destaca el papel que juega el Espíritu en este momento, y presenta a Jesús como en movimiento por el desierto (era conducido por el Espíritu). El tentador es presentado como “el diablo”, y la primera tentación está en plural ante el singular de Mateo (piedra, pan). No es evidente quién modificó y cual fue el motivo para hacerlo. Por esta parte, la comparación con Moisés puede haber estado fácilmente en el relato original ya que la tipología del desierto, el número 40, y las referencias a las tentaciones del pueblo en el desierto conducido por Moisés son ciertamente el marco de la unidad. Mateo -le sabemos- revaloriza para su comunidad la práctica judía del ayuno aunque enfocada de un nuevo modo. Es, por tanto, más probable que sea él quien da un sentido nuevo al dicho “no comió nada” que encontró en su fuente.

La tentación en la que el diablo le muestra los reinos del mundo presenta también algunas diferencias, además de la ya mencionada de la montaña alta, de Mateo. La visión de los reinos de la tierra habitada (oikoumene) se da “de un golpe de vista”, en Lucas. Se aclara que el poder y la gloria de ellos le ha sido dado al diablo (aparentemente, por Dios) que a su vez lo entrega a quien quiere. Mateo agrega “márchate, Satanás”, la única frase propia de Jesús y no del libro del Deuteronomio en esta unidad. En este caso, Lucas parece presentar una visión pesimista, satánica, del mundo político. En este caso parece ser él quien ha modificado la fuente.

La siguiente tentación ocurre en la “Ciudad Santa”, que Lucas precisa: “Jerusalén”. La cita del Salmo que realiza el tentador es ligeramente ampliada en Lucas, como lo era la respuesta con una cita de Deuteronomio en la primera de Mateo.

Mateo concluye asemejándose a Marcos con referencia al servicio angélico a Jesús, Lucas, en cambio, prefiere una enigmática frase: “habiendo acabado toda tentación, el diablo se retiró hasta un tiempo”. Sabemos, concretamente, que el diablo entra en Judas, en Jerusalén, en el momento final de la Pascua (22,3).

Podemos sintetizar diciendo que la gravedad de las tentaciones en Mateo van en aumento: pan, espectáculo, adoración en la montaña, en cambio la referencia final a Jerusalén parece claramente reformada por Lucas. Digamos, entonces, que parece muy probable que el Tercer Evangelio haya cambiado el orden de la segunda y tercera tentación por tu preocupación geográfica centrada en Jerusalén.

Parece que el autor Q expresó en tres tentaciones tomadas de las tentaciones del pueblo en el desierto, las tentaciones que tuvo Jesús en su ministerio, al menos las dos últimas aparecen destacadas. Allí donde Israel no supo hacer la voluntad de Dios, Jesús surge fiel, verdadero “Hijo” como ya el Bautismo lo había mostrado. Esto confirma la intención cristológica del relato, y también su probable intencionalidad polémica con el Israel de su tiempo.

Dado que la primera hace referencia a la “palabra de Dios”, la segunda a lo político y la tercera al Templo, algunos han pensado que se estaría ante una triple tentación profética, real y sacerdotal, pero no parece que eso esté en juego aquí. Sólo la tentación real aparece clara, mientras que la profética y más aún la sacerdotal no se revelan, y más aún, parecen muy improbables. Las respuestas apuntan en otra dirección.

Detengámonos, ahora, en el relato de Lucas; a diferencia de Juan, Jesús va del desierto a la ciudad, y en la ciudad comienza su ministerio, como en la ciudad culminará todo para desde allí comenzar, siempre conducido por el Espíritu el tiempo nuevo de la Iglesia. En las primera tentación, el diablo no discute que Jesús sea el Hijo de Dios, lo da por supuesto, y lo tienta a convertir en pan una piedra ya que lógicamente tiene hambre. Más que un “nuevo pueblo”, Jesús es “hijo de Dios”, “el Hijo de Dios”. ¿Por qué Jesús no obra el milagro? Porque los milagros que Jesús hace son siempre para los otros, como la multiplicación de los panes: allí Jesús mismo se preocupa: “denles ustedes de comer” (9,13). La segunda es la tentación de poder (exousía) política. En tiempos donde todo el mundo conocido está sometido al imperio romano, se puede ver de un golpe de vista todo: el imperio mismo es diabólico y perverso. E idólatra. La tercera tentación no sólo tiene como característica que ocurre en Jerusalén, sino también que el diablo cita la escritura. La escritura mal citada, o mal leída, también puede ser diabólica, o idolátrica. Por otra parte, Jesús deja muy claro que su ministerio es para otros, no para él. No es salvarse a sí mismo, como tampoco en la cruz: “si eres ... sálvate” (23,35.37.39).

Como dos rabinos, Jesús y el diablo discuten con citas bíblicas. Y nos queda claro que es falso servidor de Dios el que se sirve de su ministerio en su propio provecho, que no es propio de los fieles a Dios reclamar milagros ya que Dios puede salvar sin necesidad de estas obras “maravillosas” o “teatrales”. Jesús nos muestra -con su vida- el camino de la obediencia de hijo conducido por el espíritu.


Comentario

Tiempo lindo la Cuaresma. Tiempo de "parar la máquina", de serenidad, de "mirar para adentro"... y ¡¡¡preguntarnos tantas cosas!!! En nuestros días, ¡cuántas caídas!, ¡cuántas infidelidades!, ¡cuántas injusticias! Es tiempo de descubrir cuánto tenemos que cambiar.

El Evangelio de Lucas, nos pone a Jesús en paralelo con el pueblo de Israel. En las mismas circunstancias en las que el pueblo fue infiel, Jesús sale adelante; y para resaltar el paralelo entre ambas situaciones, el evangelista recurre al desierto y a citas del Deuteronomio. Allí donde Israel cayó, allí Jesús sale adelante. Más que un acontecimiento es una plataforma, un programa: unidos a Jesús nada tenemos que temer, sólo el amor cuenta. Deberíamos aprovechar la Cuaresma para revisar cuántos desencuentros, cuántas infidelidades, cuántas injusticias... Pero, al revisarlas, corregirlas; es que la Cuaresma es tiempo de conversión, y conversión significa caminar, camino de vuelta al Padre.

Cuaresma, ¡tiempo lindo! Tiempo de volverse a Dios, y de volverse a tantos hermanos despreciados, olvidados, oprimidos... Tiempo de justicia, de verdad, de liberación...

Mientras el pueblo de Israel, en la tentación no fue fiel y cedió, ahora nos encontramos a Jesús en la misma situación, en la misma tentación. ¡Y triunfa! Jesús aparece en el Evangelio de hoy como el que vence la tentación. Porque es posible vencerla. Muchas voces, de dentro y de fuera buscan separarnos de Dios, de sus proyectos, de sus caminos. Pero hay una voz más fuerte, más firme, que puede vencer esas otras voces si disponemos el corazón para escucharla. Hace falta tener un oído muy fino, un silencio atento, un corazón dócil.

Para eso existe la Cuaresma, para que sepamos mirar la vida, y mirarnos en la vida; para que sepamos prestar atención a los caminos y proyectos que nos rodean, y enfrentarlos con los caminos y proyectos de Dios. Para eso existe la Cuaresma, para que apaguemos los ruidos que aturden y ensordecen, para que acallemos las voces que esconden la voz de Dios, para no escuchar cantos de sirenas que nos hablan de la felicidad de comprar, de poseer o de determinados caminos, sino que podamos oír la voz del amor, la voz que se grita en el silencio y el desierto. Para eso existe la Cuaresma, para dejarnos seducir por Dios en el desierto, para volver a las fuentes, para volver a la fidelidad primera, “como un niño frente a Dios". Para eso existe la Cuaresma.

¿Y nuestra Cuaresma? Tantas veces habremos dicho: “Cuaresma, tiempo de confesión”, pero ¿de qué sirve si no es un cambio de vida, un cambio de camino? ¿Qué Cuaresma vive el que no vive? La Cuaresma es tiempo de desierto, pero de desierto en medio del ruido y del mundo, en medio del pecado y la infidelidad, en medio de la gente... Es allí donde estoy invitado a encontrarme con Dios y los hermanos, allí donde debo retomar la fidelidad... El recuerdo del desierto, terminó siendo recuerdo de la fidelidad de los israelitas: tiempo de fe, como recuerda el "Credo primitivo" de la primera lectura; se nos invita a creer de corazón en la Palabra (2a. lectura), no con los labios, sino con la vida, una vida de fidelidad y servicio. Aquí tenemos el centro, el corazón de la Cuaresma: ¡los hermanos! Revisemos nuestro servicio, nuestro amor, nuestro compromiso liberador; así revisaremos nuestra fe; así viviremos religiosamente nuestra Cuaresma.

Quien afirme no tener pecado es un mentiroso dice san Juan. Quien se reconoce pecador, y se decide a devolverle a Dios su lugar, empieza a preparar el camino para una vida coherente con los proyectos de Dios. El problema con los que no se reconocen pecadores, o con quienes no están dispuestos a dejar entrar a Dios en sus vidas, es que permanecen en el pecado. El tiempo de la cuaresma que comenzamos, es un ¡detente!, un mirar para adentro, es reconocer que hemos caminado sin Dios buena parte de nuestra vida... Pero, casi podemos decir que a Dios no le importa: no le importa la gravedad de nuestra ruptura, no le importa qué tan dios nos sentimos. Le importa que estemos decididos a vencer el pecado en el seguimiento de Jesús, a vencer el pecado con la Palabra de Dios.

En toda historia hay tiempos y momentos de fidelidad, y momentos de caídas. La Cuaresma es tiempo de recobrar fuerzas para retomar el camino, para "hacer camino al andar”. La Cuaresma es el tiempo oportuno para revisar, corregir y fortalecer todo esto; es tiempo de desierto, tiempo de encuentro con Dios frente a tantos desencuentros. Pero ¡cuidado! "¿Cuántas veces se ha empujado a las multitudes hacia el desierto, como si Tú sólo fueses accesible allá... Ábrenos los ojos para irte encontrando en cada rostro, para comulgarte cada vez que estrechamos una mano o sonreímos".

PRIMERA LECTURA.
Deuteronomio 26, 4-10
Profesión de fe del pueblo escogido

.Dijo Moisés al pueblo: "El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.

Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: "Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas.

Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa.

Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud.

Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.

El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos.

Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel.

Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado."

Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios."

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 90
R/.Está conmigo, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente,

di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti." R.

No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. R.

Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra; caminarás sobre áspides y víboras, pisotearás leones y dragones. R.

"Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré." R.

SEGUNDA LECTURA.
Romanos 10, 8-13
Profesión de fe del que cree en Jesucristo

Hermanos: La Escritura dice: "La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón."

Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.

Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.

Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

Dice la Escritura: "Nadie que cree en él quedará defraudado."

Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.

Pues "todo el que invoca el nombre del Señor se salvará."

Palabra de Dios.

SANTO EVANGELIO.
Lucas 4, 1-13
El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan." Jesús le contestó: "Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre"."

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo."

Jesús le contestó: "Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto"." Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"."

Jesús le contestó: "Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios"."

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra del Señor.
Enviado por Administracion el Domingo, 14 febrero a las 00:00:00 (7 Lecturas)
 
Lecturas del día 13-02-2016

LITURGIA DE LA PALABRA.

Is 58,9b-14: “Cuando partas tu pan con el hambriento..., brillará tu luz en las tinieblas”
Salmo 85: “Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad”
Lc 5,27-32: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan."

El evangelio de este sábado nos presenta a Jesús sentado a la mesa con pecadores. No le importan las críticas de sus contrincantes, Él no duda en sentarse y compartir la mesa. Al fin de cuentas ha venido para llamar a los pecadores y con ellos se sienta, sabe cuál es su misión, la tiene clara y la realiza.

Podemos hacer una lectura complementaria con Isaías que previendo los tiempos mesiánicos exige una preparación para ese tiempo de salvación: “Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

Jesús nos acoge en el banquete del Reino pero nos exige un vestido de liberación personal y comunitaria, gestos y hechos, pan partido, compartido y repartido con el hambriento. Es una exigencia, el tiquete de entrada al banquete y la posibilidad de ver brillar la luz de Dios. La justicia y la bondad con los demás hacen posible esa luz.

Cuaresma también es tiempo propicio de conversión y el evangelio de hoy nos da un modelo de conversión, seamos como Mateo, publicano y pecador reconocido y criticado por los de su pueblo, pero arriesgado y abierto al cambio. Hagamos como él, abramos la puerta de nuestra casa y del corazón.

PRIMERA LECTURA.
Isaías 58,9b-14
Cuando partas tu pan con el hambriento..., brillará tu luz en las tinieblas

Así dice el Señor Dios: "Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.

Si detienes tus pies el sábado y no traficas en mi día santo, si llamas al sábado tu delicia, y lo consagras a la gloria del Señor, si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia. Te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob." Ha hablado la boca del Señor.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 85
R/.Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.

Inclina tu oído, Señor, escúchame, / que soy un pobre desamparado; / protege mi vida, que soy un fiel tuyo; / salva a tu siervo, que confía en ti. R.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, / que a ti te estoy llamando todo el día; / alegra el alma de tu siervo, / pues levanto mi alma hacia ti. R.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, / rico en misericordia con los que te invocan. / Señor, escucha mi oración, / atiende a la voz de mi súplica. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Lucas 5,27-32
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme." Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: "¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?" Jesús les replicó: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan."

Palabra del Señor
Enviado por Administracion el Sábado, 13 febrero a las 00:00:00 (52 Lecturas)
 
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