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Esta página web nace con nuestro mayor cariño para dar a conocer, dentro de nuestras humildes posibilidades, la Palabra de Dios; los usos y  costumbres de la Iglesia Católica; la Compostura ante nuestro Dios dentro del Claustro de la Iglesia; diversas oraciones que los católicos debemos aprender; y otros muchos aspectos relacionados con nuestra Iglesia, algunos bien conocidos y otros menos.

También tendrán cabida, en cada una de las secciones, nuestras reflexiones en voz alta, que esperemos sean de ayuda para aquellos que nos honren con su visita en busca de mejorar su espiritualidad.

Además, si desea solicitarnos una oración para algún amigo o familar, remítanos su nombre utilizando el formulario que encontrará en ESTE ENLACE.

Gracias os damos

Gracias os damos, Dios de misericordia, por haber señalado vuestra clemencia para con nosotros al bendecir esta página, que comenzó su andadura hace ahora tres años, con un 6..000.000 de visitantes, a los cuales les damos gracias por atender lo que propusimos en el comienzo de nuestro caminar, al amparo misericordioso de vuestra Santa Palabra, atendiéndola, aprendiéndola y cumpliéndola bajo vuestra protección.


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Lecturas del día 02-07-2015

LITURGIA DE LA PALABRA.

Gn 22,1-19: “El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe”
Sal 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Mt 9,1-8: Alababan a Dios, por dar a los hombres tal potestad

Sin entrar en muchos detalles, cosa que sí hace Marcos en este caso (Mc 2,1-12), lo que le interesa a Mateo es resaltar la diferencia entre quienes se acercan a Jesús con fe -y como consecuencia se resalta el gran poder de Cristo que acredita el relato- y los que llegan a él con actitudes ya preconcebidas, y por eso no son capaces de reconocer el poder de Dios que actúa en él.

Esta vez son un grupo de letrados los que se oponen, criticando, a las actitudes de Jesús frente a los enfermos y desvalidos. Y lo hacen invocando incluso la autoridad de Dios, contra quien consideran que Jesús blasfema. No es raro que esto suceda. El Señor dirá en otra ocasión: “llegará el día en que incluso los maten y crean que están dando gloria a Dios”. Mateo ha colocado en un solo bloque todas las oposiciones que sufre el reino. Ayer fue en la región de Gadara, hoy en Cafarnaún, la ciudad habitual de Jesús junto al lago. Ayer fue una población entera, hoy un grupo de letrados. Ayer, para preservar los intereses económicos; hoy, para defender la pureza religiosa. Siempre habrá un pretexto para cuestionar la salvación que ofrece Jesús a todos los seres humanos. En cuanto a nosotros, ¿no buscamos también a veces la forma de desprestigiar a personas que trabajan por la liberación integral de la humanidad, tal vez porque no son de los nuestros?

PRIMERA LECTURA.
Génesis 22,1-19
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: "¡Abrahán!" Él respondió: "Aquí me tienes." Dios le dijo: "Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré." Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: "Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros." Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán, su padre: "Padre." Él respondió: "Aquí estoy, hijo mío." El muchacho dijo: "Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?" Abrahán contestó: "Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío." Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: "¡Abrahán, Abrahán!" Él contestó: "Aquí me tienes." El ángel le ordenó: "No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo." Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en una maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó a aquel sitio "El Señor ve", por lo que se dice aún hoy "El monte del Señor ve".

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: "Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrella del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido." Abrahán volvió a sus criados, y juntos se pusieron en camino hacia Berseba. Abrahán se quedó a vivir en Berseba.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 114
Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha / mi voz suplicante, / porque inclina su oído hacia mí / el día que lo invoco. R.

Me envolvían redes de muerte, / me alcanzaron los lazos del abismo, / caí en tristeza y angustia. / Invoqué el nombre del Señor: / "Señor, salva mi vida." R.

El Señor es benigno y justo, / nuestro Dios es compasivo; / el Señor guarda a los sencillos: / estando yo sin fuerzas, me salvó. R.

Arrancó mi alma de la muerte, / mis ojos de las lágrimas, / mis pies de la caída. / Caminaré en presencia del Señor / en el país de la vida. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Mateo 9,1-8
La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: "¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados." Algunos de los escribas se dijeron: "Éste blasfema." Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: "¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -dijo dirigiéndose al paralítico-: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa."" Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.

 

Comentario de la Primera lectura: Gn 22, 1-19.

El tema de la descendencia de Abraham no termina todavía con el nacimiento de Isaac. La tradición matizó mucho la calidad de esa paternidad y de esa filiación. Lo hizo sobre todo por el episodio en el Moria. Es el mismo pueblo de Abraham el que intenta definirse en este dramático relato como pueblo de Dios: se autoentiende como nacido enteramente de la confianza y obediencia a la llamada de Dios. Es el teólogo elohísta el que ahondó así en la definición del pueblo.

Por el episodio del Moria la tradición bíblica plasmó en Abraham la figura ejemplar del creyente. El retrato es expresión.de lo que sus descendientes consideraron como la actitud adecuada del hombre ante Dios. La figura inspiró y sigue inspirando al pueblo del patriarca a distancia; no en vano es ese mismo pueblo el que creó la figura.

El relato del sacrificio de Isaac engloba diversos puntos fuertes, masivamente superpuestos: prueba de la fe de Abraham, rechazo del sacrificio humano, promesa de descendencia, tierra y bendición, hilo conductor de las tradiciones patriarcales. A pesar de tan abrumadora densidad, el relato se muestra unitario, por el vigor que en él tiene su primer punto fuerte: la prueba de la fe de Abraham. La historia es tan plástica que se presta a lectura a nivel de sentimientos humanos. Sería lectura indebida, pues traicionaría abiertamente la intención del autor. El que se quede en la plano humano al leerla, no oirá sino a un Dios terrible y no verá en Abraham más que una figura cruel y criminal o una figura trágica. Estamos ante una historia teológica, cuyo polifacético lenguaje es sólo válido en el significado preciso que le da el autor. Dios “prueba” a un justo, que va a responder; Abraham no va a matar a su hijo, sino a engendrarlo en una nueva dimensión.

El rasgo definidor de la figura de Abraham es la confianza. Ella es la que impulsa cada uno de sus movimientos y acciones. La confianza le tiene atento hacia el Dios que llama, le hace emprender caminos de renuncia, le asegura que tendrá un hijo entregando al que tiene o renunciando a su modo de tenerlo, le hace ver el Moria como el lugar en donde «Dios proveerá». Su obediencia es la expresión de su confianza. Por ésta sabe que no perderá a su hijo, aunque no sepa el modo, en el momento en que camina con él hacia el monte. Su evasión ante el hijo y su refugio en el «Dios proveerá», es la respuesta adecuada del que sabe el que y deja el cómo a la disposición de Dios. De esa expresión se deriva el nombre del Moria, que la tradición posterior ubicará en Jerusalén (Cr2, 1).

El autor define él episodio de la atadura de Isaac como una «prueba». Con pinceladas cortas, aparentemente ingrávidas, de diálogo convencional y de acción tranquila pinta una situación tremendamente tensa. El lector entra en ella con pavor. Sabe que es una prueba; pero eso no le ahorra vivir con el patriarca el lance del que debe responder.

En el justo que responde, sin saber que es una prueba, no se traslucen sentimientos de rebeldía ni de tragedia. La acción externa es ordenada, obediente a un espíritu conforme. El gesto de renuncia es el único «lógico» en Abraham, una figura que es por definición confianza en Dios. La seguridad de su futuro, un futuro con el hijo, sigue fundándose en Dios. Su «lógica» no es de retener para tener, sino de crear relación nueva, que le haga ser más. Para él retener es inferior modo de posesión al de esperar, que no limita ni lo poseído ni el modo. No es el hijo que él engendró, su único, al que ama, quien le hará padre del pueblo grande, sin fronteras, sino el que le nazca como regalo a su actitud ante Dios. Este nuevo nacido será el mismo Isaac, pero con una nueva dimensión. Y es éste el que puede ser principio del pueblo de que habla la promesa, pueblo de Dios, en razón de que Abraham reconoce por encima de su relación de padre la propiedad divina sobre él.

Abraham no tiene que sacrificar al hijo de su carne: tiene que ordenarlo al hijo de su fe. En éste está aquél, agrandado hasta el infinito. Este es el hijo de la promesa, el que salva a Abraham, porque no se lo reservó. La actitud del patriarca es creadora de pueblo de Dios en el mundo; es su revelación, su signo. Abraham está para su hijo y para su pueblo en la relación que nace de la total confianza en Dios. Esa relación se funda en la humana; pero ésta se radicaliza y se engrandece por aquélla.

Comentario del salmo 114.

Este salmo es una oración de acción de gracias de un hombre que vive profundamente su relación con Dios. Sometido, como está, a una persecución implacable por hombres que llevan en su seno las fuerzas del mal, proclama, no obstante, su amor a Yavé: «Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día en que lo invoco».

Hay una novedad en la oración de este israelita que le distingue de otros que hemos visto en situaciones parecidas a lo largo del salterio. Nuestro hombre no se remite al pasado para afirmar que Dios, siempre fiel, «ha escuchado» sus súplicas y plegarias. Nuestro hombre de fe habla en presente —«escucha»—, recalcando que puede poner su esperanza en Yavé porque su auxilio es una realidad inapelable no sólo en el pasado sino también en el presente y en el futuro. Yavé, su Dios, le escucha siempre.

Otro momento del salmo donde vemos la enorme grandeza espiritual de este fiel israelita es cuando proclama que nada que le suceda, por muy grande que sean sus desgracias y humillaciones, hará tambalear su confianza en Dios: «Yo tenía fe, aunque decía: “i Estoy totalmente devastado!”. Yo decía en mi aflicción: “¡Todos los hombres son unos mentirosos!”». No hay duda de que en su búsqueda de Dios ha escogido el camino de la verdad, el único camino válido para encontrarle.

Existe también el camino de la mentira que hace mentiroso al hombre. Mentira que alcanza incluso a aquellos que deberían llevar al pueblo a vivir en fidelidad al Dios que, desde que lo escogió cuando estaba esclavo en Egipto, no ha cesado de amarle y protegerle. Así pues, la mentira ha moldeado también los corazones de los predicadores de Israel hasta el punto de merecer el calificativo de falsos profetas.

Jeremías fustiga sin descanso a todos estos dirigentes religiosos a los que culpa de la desviación espiritual de su pueblo: «Los sacerdotes no decían: ¿dónde está Yavé?; ni los peritos de la ley me conocían; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaban por Baal y en pos de los inútiles andaban» (Ter 2,8).

El apóstol Pedro, nombrado por Jesucristo cabeza de la Iglesia, como buen pastor que es, alerta a los primeros cristianos acerca de los falsos profetas; exhorta con vehemencia que estos hombres mentirosos no son algo exclusivo del pueblo de Israel. Intuye, y por eso les previene, que también surgirán entre ellos, y que tienen un sello identificador perfectamente reconocible: difamar, falsear el camino de la verdad, todo por su propio provecho..., exactamente igual que esos hombres inicuos aparecidos en el pueblo de Israel: «Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas...» (2Pe 2,1-3).

Volvemos a la oración del salmista y nuestro asombro no tiene límites cuando observamos que, sobreponiéndose a todos los males que está padeciendo a causa de su fidelidad a Dios, su alma es capaz de elevarse y lanzarle un grito de acción de gracias porque es tanto el bien que le ha hecho, que nunca podrá vivir lo suficiente para agradecérselo, que no hay dinero en el mundo para pagárselo: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?».

Nuestro salmista es como un espejo que refleja con toda nitidez el rostro, la persona de Jesucristo, Él, enviado por su Padre a la muerte y muerte de Cruz para rescatar a toda la humanidad, nos dirá que su Padre es bueno, que es bueno con todos, que hace el bien enviando el sol y la lluvia sin distinguir entre buenos o malos, justos o injustos: «Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,43-45).

El Señor Jesús insiste con énfasis en que realmente su Padre es bueno, y quiere hacérnoslo entender con un ejemplo tan claro que no admita dudas. Afirma que si hasta nosotros, hijos del pecado original, que tenemos la bondad recubierta de una cierta maldad, sabemos dar con gozo cosas buenas a nuestro hijos, amigos, etc., cuánto más nuestro Padre del cielo, que es la bondad sin mezcla de maldad, nos dará lo bueno por excelencia: el Espíritu Santo que nos convierte en hijos: “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o si le pide un huevo le da un escorpión?” Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, “¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” (Lc 11,11-13).

El discípulo del Señor Jesús tiene tan metido en el alma el rostro luminoso de Dios, su Padre, que, al igual que el salmista, no necesita inventar palabras para que, de su experiencia íntima y real, brote el mismo testimonio del salmista: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Comentario del Santo Evangelio: Mateo 9,1-8

La admiración de la muchedumbre, que da gloria a Dios por haber «dado tal poder a los hombres», cierra de manera significativa este episodio de la curación del paralítico. En él, la acción de Jesús tiene que vérselas de modo radical con el pecado y con la curación del hombre, y en esta dimensión se encuentra la Iglesia a sí misma.

Ahora bien, la tensión entre la autoridad de Jesús y la reacción de los hombres sigue siendo muy aguda: como a lo largo de todo el evangelio, la incomprensión y el rechazo se vuelven tanto más profundos y obtusos cuanto mayor se presenta la divergencia entre Jesús y los hombres investidos de «autoridad».

La acusación de blasfemia, que empieza a filtrarse explícitamente en las reacciones de los maestros de la Ley, anticipa el juicio inapelable que llevará a Jesús a la cruz. La reconciliación y el perdón, en el choque entre el poder del pecado y la vida recuperada en su plenitud, son, al mismo tiempo, gloria de Dios y piedra de tropiezo para el hombre.

La palabra del juicio y la palabra de reconciliación y de perdón suenan hoy de una manera sorprendentemente disonante. Con todo, existe una incontestable continuidad entre la terrible profecía de Amós sobre Jeroboán y lo que dice Jesús al paralítico. En la lectura del libro de Amós se intercambian duras palabras el sacerdote, el rey y el profeta. Ahora bien, detrás de esas palabras se vislumbra el duro camino por el que se puede filtrar la Palabra de Dios. La reconciliación de Dios con su pueblo está asegurada por una Palabra que, como una espada de doble filo, divide y purifica. En Jesús, sacerdote, profeta y rey, se lleva a cabo la reconciliación de Israel, una reconciliación que se extiende a todos los hombres. El perdón del pecado, realizado de una manera plástica por el levantamiento del paralítico, expresa el poder del Hijo del hombre en la tierra, que inaugura una nueva criatura, un nuevo pueblo, unos cielos nuevos y una nueva tierra.

Comentario del Santo Evangelio para nuestros Mayores (Mt 9, 1-8). El paralítico.

La curación del paralítico nos es contada por los tres sinópticos. Como habitualmente ocurre, también aquí es Marcos quien está tras los relatos de Mateo y Lucas. La presentación de Marcos es mucho más amplia, anecdótica, cargada de detalles. Nos cuenta cómo los portadores de la camilla en que yacía el enfermo, al no poder acercarse a Jesús a causa de la muchedumbre, desmontaron parte del tejado para poder presentarlo ante Jesús. Detalles que pertenecen rio a la historia en sí misma, sino al modo de presentarla.

Mateo, también aquí, ha estilizado la escena reduciéndola a lo esencial, prescindiendo de los detalles puramente anecdóticos y que tanta plasticidad dan a la narración de Marcos. La clave para descubrir la intención del evangelista la tenemos en estas palabras: «Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados». En el relato se afirma, por tanto, que Jesús tiene poder para perdonar los pecados. Así lo prueba la curación del enfermo.

La curación del paralítico podía justificar la pretensión manifestada por Jesús en relación con su poder de perdonar los pecados. Por si no bastase, se añade un argumento más fuerte: Jesús descubre lo que aquellos escribas pensaban. Nadie se lo había dicho. Jesús, por tanto, posee un conocimiento sobrehumano sobrenatural, facilitado por el espíritu. Este conocimiento sobrenatural de Jesús es otra razón que habla de su dignidad única y que justifica su poder, único también, de perdonar los pecados.

Cuando Jesús se decide a intervenir para confirmar la afirmación de su poder sobre el pecado, el enfermo pasa a un segundo plano, como si en aquel instante no interesase la persona que ha protagonizado la escena: «Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra de perdonar los pecados». Esta parece ser la única razón de la curación del enfermo Demostrar que la salud eterna —el perdón de los pecados es más importante que la salud corporal.

Junto al poder de Jesús, intenta el evangelista poner de relieve la fe de aquellos hombres que se acercaron a él atraídos precisamente por ese poder. Una fe tan grande que venció todos los obstáculos y dificultades (detalle más acentuado en el relato de Marcos al hablarnos de la necesidad que tuvieron de desmontar el tejado...). Una fe que es confianza ilimitada en el poder de Jesús, puesto a disposición del hombre.

Finalmente, una lección no menos importante encontramos en la admiración de la gente ante un hecho tan extraordinario: “Glorificaban a Dios por haber dado tal poder a los hombres”, El poder que tiene Jesús de perdonar los pecados fue comunicado a la Iglesia. Y, dentro de la Iglesia, a los hombres elegidos por él para realizar directamente esta misión de perdón. El poder de perdonar los pecados es inseparable de la persona de Jesús y de su Iglesia.

Comentario del Santo Evangelio de Joven para Joven. Curación de un paralítico (Mt 9,1-8).

Le llevaron un paralítico.
Un paralítico no tiene posibilidad de moverse y el movimiento es fundamental para vivir. Está condenado a la inmovilidad, mientras querría caminar, trabajar, desplazarse ágilmente. Sufre más por esta limitación que por los dolores.

En sentido metafórico existen varios tipos de parálisis: del alma y del espíritu. La parálisis de la acción, cuando tenemos muchos proyectos en la cabeza y no logramos empezar ni uno solo. O cuando comenzamos con entusiasmo un trabajo y no conseguimos llevarlo a término, como si hubiera algún impedimento invisible que nos obstaculiza. Entonces nos sentimos impotentes, estériles, incapaces.

Santa Teresa de Jesús piensa en esta debilidad cuando dice que el infierno está pavimentado de buenos propósitos, de buenas intenciones nunca realizadas. Somos capaces de realizarlas sólo con la ayuda de la gracia de Dios. El pecado nos paraliza la capacidad de hacer el bien, pero pidiendo la gracia podemos levantarnos.

¡Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados!
La gente desea la curación del cuerpo. En cambio, Jesús promete la curación espiritual, el perdón de los pecados. A algunos les parece un equívoco, y es el mismo equívoco de hoy.

Hay dos tipos de males. Uno es el mal físico, enfermedades, dolores, desgracias, muerte. El otro es el mal moral, es decir, el pecado. Hay un nexo de unión entre estos dos males. La Biblia enseña, claramente, que el pecado es la causa de todo mal, también del mal físico. Estamos agradecidos a los médicos, que luchan contra las enfermedades y los dolores, son bienhechores de la humanidad. Pero su actividad es ayudada, de modo misterioso, por todos los que se purifican a sí mismos y al mundo del pecado. Son los que han acogido la promesa de Cristo: al final, también con su esfuerzo, no habrá ningún dolor y la muerte será vencida.

¡Levántate y anda!
Testigos oculares han contado un milagro que tuvo lugar en Lourdes. Un enfermo se puso de pie de repente durante la procesión eucarística, Los organizadores lo obligaron a volverse a meter en la cama para no crear confusión y para contener el entusiasmo de la multitud. Por tanto, también hoy suceden milagros como los de Jesús.

¿Cuál es su significado? Estos milagros de la salud suscitan admiración por la fuerza de Dios. Pero si la enfermedad es consecuencia del pecado, la curación milagrosa del cuerpo es símbolo de sanación espiritual. Pero la curación espiritual no se considera milagrosa.

Esta se da con mucha frecuencia en la Iglesia. Las palabras de Jesús «Levántate y anda» se repiten en cada confesión, para sanar todo tipo de parálisis espiritual. Entonces, también nosotros debemos expresar en estas ocasiones, como los judíos, nuestra maravilla y dar gloria a Dios, que ha dado este poder a los hombres (Mt 9,8).

Elevación Espiritual para este día.

Alma mía, bendice al Señor. Dile, dile al alma tuya:
aún estás en esta vida, aún llevas sobre ti una carne frágil y un cuerpo corruptible que la trae hacia el suelo; aún, pese a la integridad de la remisión, recibiste la medicina de la oración; aún dices, ¿no es verdad?, en tanto curan bien tus debilidades: Perdónanos nuestras deudas. Dile, pues, a tu alma, valle humilde, no collado erguido; dile a tu alma: Bendice, alma mía, al Señor y no quieras olvidar ninguno de sus favores. ¿Qué favores? Dilos, enuméralos y agradécelos. El perdona todos tus pecados. Esto aconteció en el bautismo. Y ¿ahora? El sana todas tus enfermedades. Esto ahora lo reconozco.

Reflexión Espiritual para el día.

El tiempo de Dios no es el nuestro. Tú no puedes contarle a Dios los años y los días; Dios es fiel. Puedo escrutar los signos de este día como los centinelas apostados durante la noche acechan los signos de la aurora. Esta gracia tiene un precio muy elevado, no es una gracia barata. Requiere vaciamientos y abandonos, requiere la renuncia a sí mismo, requiere que res- Viernes ondamos de modo franco a la pregunta que ha emergido en a cultura más reciente: «¿No seré tal vez, por el hecho de ser, un asesino?», O sea, si me aíslo en mi yo, convirtiendo mi propio ser en el bien absoluto y en el centro de todas las cosas, ¿no suscito así el resentimiento del otro, que se planta ante mí como enemigo? Pensad en lo que dice fray Cristóbal a Lorenzo frente al jergón de Don Rodrigo, que está muriendo en la leprosería: «Tal vez la salvación de este hombre y la tuya dependan ahora de ti, de un sentimiento tuyo de perdón, de compasión... de amor». ¿Comprendéis? Amar al que le había arruinado la vida.

El rostro de los personajes y pasajes de la Sagrada Biblia. Génesis 22, 1-13; 15-19. Dios probó a Abraham.

Es la cumbre de la vida de ese «hombre de Fe». Abraham lo dejó todo por Dios. Contra toda apariencia creyó en las promesas de Dios. Por su larga fidelidad, acabó por tener a ese hijo tan deseado: nació por fin Isaac, su hijo muy querido. Ahora bien, parece que Dios quiere pedirle el «sacrificio» supremo: sacrificar lo que hay de más amado en el mundo... según los usos de esa época primitiva en la que los padres tenían la costumbre de sacrificar a su «primogénito», en honor a su dios y para obtener sus favores.

En un cierto sentido, puede decirse que Dios no ha querido nunca ese sacrificio. Pero se sirvió de esa costumbre de la época para sondar hasta dónde llegaba la Fe de Abraham.

Así existen quizá Hoy en mi vida unas situaciones anormales y aún inhumanas, que pueden ser «recuperadas» para un bien mayor. El sufrimiento es un mal y sigue siendo un mal. Pero, en ciertas condiciones, puede ser utilizado como «prueba de la Fe» y del amor.

No hay que hacer a Dios responsable de las desgracias que nos suceden; y en ese sentido la expresión «Dios nos ha enviado tal cosa», es falsa. Porque Tú, Señor, sólo quieres la felicidad de tus hijos. Pero tus designios son misteriosos: algunos grandes sufrimientos son, como el sacrificio de Isaac, una cúspide hacia la que conduces de la mano a tus hijos.

Nos detenemos a evocar las «pruebas», las nuestras de Hoy. ¡Ayúdanos a soportarlas en espíritu de Fe! Aunque no vea el final.

No me has negado tu hijo, tu único.
Cuando se lee esta frase pensando en Jesucristo, Tu único
Hijo, toma un sentido enteramente nuevo. Es verdad. Si Abraham fue dispensado de tal prueba en tu amor paternal... Tú, oh Padre, has ido hasta el final. Esta página de la Biblia es ya el evangelio de la Cruz. Esta cúspide de la montaña es el anuncio del Calvario.

El sufrimiento no es inútil si es «testimonio de un amor»: ¡no hay amor más grande que dar la vida por los que se ama! ¿Sabremos, Señor, transfigurar nuestras pruebas dolorosas en una prueba de amor?
Sin embargo, te pedimos, Señor, que no nos anonaden. ¡Te pedimos, por mis hermanos que sufren, la fuerza de superar su prueba!

Porque tú has aceptado esto, te colmaré de bendiciones.
La alegría y la felicidad triunfan siempre... al fin.

La gloria de Pascua sigue al anonadamiento del Viernes Santo. Señor, Tú finalmente quieres la felicidad así como la plena realización de tus hijos. Pero será quizá preciso que, como tu Hijo, pasen por la Cruz. Esto es difícil de comprender y duro de admitir y no obstante es el único y auténtico consuelo en las más difíciles pruebas. Es «la única luz capaz de iluminar la última prueba»: la muerte. Si la resurrección no existe, la vida no tiene sentido y la muerte es el absurdo más horrible. Gracias, Señor, por darnos a entender a través de nuestra Fe, que «colmas» luego a los que «has probado». Que el sacrificio no es más que un momento pasajero y meritorio. Que la muerte es sólo un pasaje hacia la vida.

Enviado por Administracion el Jueves, 02 julio a las 00:00:00 (18 Lecturas)
 
Lecturas del día 01-07-2015

LITURGIA DE LA PALABRA.

Gn 21,5.8-20: “El hijo de esa criada no se repartirá la herencia con mi hijo”
Sal 33: Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Mt 8,28-34: ¿Viniste a atormentarnos antes de tiempo?

En el evangelio de Mateo nos encontramos con una realidad interesante: la enfermedad considerada obra del demonio o castigo de Dios. Como en otras religiones la Biblia la consideraba, en muchas partes, consecuencia del pecado: (Eclo 31,15; Mt 9,2-7; Jn 5,14; 9,2), o efecto de la posesión diabólica: (Sal 78,50; 91,3.6; Mc 9,25-29); Jesús no rechaza esta creencia, lo leemos hoy, pero la relativiza no sólo con su palabra, sino con sus milagros en favor de tantos enfermos que él sana.

Estos milagros son signos de la llegada del reino, del cumplimiento de la salvación de Dios en favor de los que sufren; son, incluso, parte de la lucha de Jesús con las fuerzas enemigas del reino. Estos enemigos pueden ser grupos organizados como el de los fariseos y saduceos, o todo un pueblo que le pide que se vaya porque afecta sus intereses.


Hoy son muchas las amenazas que acechan contra la fe de los cristianos. Muchos “endemoniados” sutiles impregnan las diversas estructuras sociales, religiosas, culturales, etc. Pero la fuerza del Espíritu que actúa en los creyentes comprometidos y fieles al Señor Jesús puede derrotar esas fuerzas del mal. Habrá que arrojarlas al “mar de la confusión y del caos” para que los seres humanos que están bajo su influencia puedan gozar de la libertad de los hijos de Dios.

PRIMERA LECTURA.
Génesis 21,5.8-20
El hijo de esa criada no va a repartirse la herencia con mi hijo Isaac

Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. El chico creció, y lo destetaron. El día que destetaron a Isaac, Abrahán dio un gran banquete. Pero Sara vio que el hijo que Abrahán había tenido de Hagar, la egipcia, jugaba con Isaac, y dijo a Abrahán: "Expulsa a esa criada y a su hijo, porque el hijo de esa criada no va a repartirse la herencia con mi hijo Isaac." Como al fin y al cabo era hijo suyo, Abrahán se llevó un gran disgusto. Pero Dios dijo a Abrahán: "No te aflijas por el niño y la criada. Haz exactamente lo que te dice Sara, porque es Isaac quien continúa tu descendencia. Aunque también del hijo de la criada sacaré un gran pueblo, por ser descendiente tuyo."

Abrahán madrugó, cogió pan y un odre de agua, se lo cargó a hombros a Hagar y la despidió con el niño. Ella se marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se le acabó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciéndose: "No puedo ver morir a mi hijo." Y se sentó a distancia. El niño rompió a llorar. Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Hagar desde el cielo, preguntándole: "¿Qué te pasa, Hagar? No temas, que Dios ha oído la voz del niño que está ahí. Levántate, toma al niño y tenlo bien agarrado de la mano, porque sacaré de él un gran pueblo." Dios le abrió los ojos, y divisó un pozo de agua; fue allá, llenó el odre y dio de beber al muchacho. Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 33
R/.Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias. / El ángel del Señor acampa / en torno a sus fieles y los protege. R.

Todos sus santos, temed al Señor, / porque nada les falta a los que le temen; / los ricos empobrecen y pasan hambre, / los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme: / os instruiré en el temor del Señor; / ¿hay alguien que ame la vida / y desee días de prosperidad? R.

SEGUNADA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Mateo 8,28-34
¿Has venido a atormentar a los demonios antes de tiempo?

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?" Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: "Si nos echas, mándanos a la piara." Jesús les dijo: "Id." Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Palabra del Señor.

 

Comentario de la Primera Lectura Gn 21, 5.8-20

El interludio de Ismael en el tema de la descendencia de Abraham tuvo en la tradición al menos dos versiones. La presente es una variante de Gén 16. Aunque parece un nuevo episodio, gracias al arte de la redacción, hay tanto de común entre los dos capítulos que no pueden sino considerarse como exponentes de la misma tradición. El duplicado se subsana por el detalle de la orden del ángel de Yavé a Agar de que vuelva a su señora (Gén 16. 9), lo cual da lugar a una segunda expulsión; y por el distanciamiento cronológica llevada a sus consecuencias: Abraham tenía ochenta y seis años cuando le nació Ismael (Gén 16, 16), y tenía cien cuando le nació Isaac (Gén 21, 5).

En conformidad con ello, en la primera versión Agar va al desierto con el niño en el seno; en la segunda el niño ya ha nacido; allí Isaac es todavía objeto de esperanza, aquí los dos niños juegan juntos. A raíz de este jugar se hace una nueva etimología del nombre de Isaac, en sentido de «jugar», cuando antes había significado el reírse ambiguo de Sara y luego, al nacer, su saltar de alegría. En la onomástica general el nombre es teofórico; en su forma completa Yishaq-El significa «Dios sonríe» o es propicio.

La versión que ahora leemos orienta la atención hacia la suerte de los dos niños, Isaac e Ismael. No se trata puramente de la suerte histórico-empírica, y, por lo mismo, no sería adecuado leer el capítulo a la luz de los sentimientos humanos que pudiera despertar. Este nivel de lectura está aquí sustentando un nivel de naturaleza teológica. Por la oposición de Sara a que Ismael comparta herencia de su hijo está el autor queriendo aludir al iulo privilegiado de identidad del pueblo de Abraham.

Abraham en el relato no parece situarse en ese cualiativo nivel de la promesa, en cuanto que se inclina como adre hacia los dos niños por igual. Pero con ello está mostrando otro aspecto de la promesa: el de compartir el bien que él tiene de Dios con todos los pueblos que están en su camino. En el caso Ismael representa a los ismaelitas, un grupo nómada vecino de Israel en la región del Neguev. Así lo mismo Sara que Abraham son encarnación de niveles teológicos, correspondientes a los varios capítulos de la alianza patriarcal.

La palabra de Dios en el relato reasume las dos líneas: Manda a Abraham que escuche a su mujer en lo que respecto al titulo de Isaac como heredero, pero sale al encuentro de Agar y de su hijo en el desierto, para asegurar la vida allí en donde las posibilidades naturales y la protección humana no la garantizan. Dios no escuchó sólo a Abraham, al concederle como hijo a Ismael, sino que escucha también el llanto del niño por sí mismo. El nombre de Ismael, «Dios escucha», se hace eco de ese pluridimensional escuchar de Dios, igual que el nombre de Isaac se hace eco del pluridimensional reír.

Ismael no tendrá grandeza dentro del pueblo de Isaac. Pero será él, a su vez cabeza de un gran pueblo, en cuya grandeza está igualmente Dios. Los rasgos de este pueblo se dibujan en el retrato del niño, el hombre del desierto, igual que se dibujan los de otros pueblos en su primer antepasado o epónimo. El autor remata su historia con la proclamación de que Dios está con Ismael. Este lleva consigo a un pueblo la bendición que Dios prometió a Abraham para todos los pueblos

Comentario del salmo 33

Es un salmo de acción de gracias individual. Quien toma la palabra ha atravesado una situación muy difícil, ha pasado por “temores” (5) y «angustias» (7), «ha consultado al Señor» (5), «ha gritado» (7) y ha sido escuchado. El Señor le «respondió» y lo “libró” (5), lo «escuchó» y lo “libró de todas sus angustias” (7) ahora esta persona está en el templo de Jerusalén para dar gracias. Está rodeada de gente (4.6, 12.15), pues la acción de gracias se hacía en voz alta, en un espacio abierto. El salmista hace su acción de gracias en público, de modo que mucha gente puede llegar a conocer el «favor alcanzado». De este modo, el salmo se convierte en catequesis.


Los salmos de acción de gracias tienen, normalmente, una introducción, un núcleo central y la conclusión. Este sólo tiene introducción (2-4) y núcleo central (5-23), sin conclusión, pues tal vez la oración de agradecimiento concluyera con la presentación de un sacrificio. Es un salmo alfabético, como tantos otros (véase, por ejemplo, el salmo 25). Esto quiere decir que, en su lengua original, cada versículo comienza con una de las letras del alfabeto hebreo. En las traducciones a nuestra lengua, este detalle se ha perdido. El núcleo (5-23) tiene dos partes. La primera (5-11) es la acción de gracias propiamente dicha; la segunda (12-23) funciona como una catequesis dirigida a los peregrinos, y tiene un deje del estilo sapiencial, esto es, quiere transmitir una experiencia acerca de la vida, de manera que los que escuchan puedan tener una existencia más larga y más próspera.

La introducción (2-4) presenta al salmista después de haber sido liberado y rodeado de fieles empobrecidos. Empieza a bendecir al Señor por toda la vida e invita a los pobres que le escuchan a alegrarse y a unirse a su acción de gracias. En la primera parte del núcleo (5-11) expone el drama que le ha tocado vivir, qué es lo que hizo y cómo fue liberado; en la segunda (12-2 3), convierte su caso en una enseñanza para la vida. Invita a los pobres a que se acerquen y escuchen. La lección es sencilla: no hay que imitar la actitud de los ricos que calumnian y mienten; hay que confiar en el Señor y acogerse a él para disfrutar de una vida larga y próspera.

Este salmo manifiesta la superación de un terrible conflicto. De hecho, la expresión «consulté al Señor» (5) se refiere a un acontecimiento concreto. Las personas acusadas injustamente y, a consecuencia de ello, perseguidas, iban a refugiarse al templo de Jerusalén. Allí pasaban la noche a la espera de una sentencia. Por la mañana, un sacerdote echaba las suertes para determinar si la persona acusada era culpable o inocente. Este fue el caso de quien compuso este salino. Pasó la noche en el templo, confiado, y por la mañana fue declarado inocente. Entonces decide dar gracias al Señor, manifestando ante los demás pobres que estaban allí las maravillas que Dios había hecho en su favor.

Este salmo nos da información acerca de la situación económica del salmista. Es pobre: «Este pobre gritó, el Señor lo escuchó y lo libró de todas sus angustias» (7). Y pobres son también las personas que lo rodean en el templo, en el momento de su acción de gracias: «Mi alma se gloría en el Señor: que escuchen los pobres y se alegren» (3). Además, el salmista invita a los empobrecidos a que proclamen su profesión de fe: «Repetid conmigo: ¡El Señor es grande! Ensalcemos juntos su nombre» (4).

¿Qué es lo que le había pasado a esta persona pobre? Antes de que lo declararan inocente, había pasado por momentos difíciles. De hecho, habla de «temores» (5) y «angustias» (7). Cuando presenta ante sus oyentes una especie de catequesis, recuerda los clamores de los justos (16) y sus gritos en los momentos de angustia (18). Estos justos tienen el corazón herido y andan desanimados (19) a causa de las desgracias que tienen que sufrir (20). ¿Qué es lo que hacen en situaciones como esta? Gritan (18) como había gritado el mismo salmista (7), refugiándose en el Señor, consultándolo (5), para ser declarados inocentes y obtener la salvación. Obran así porque temen al Señor (8.10.12) y se acogen a él (9.23).

¿Quién había acusado y perseguido a esta persona pobre? El salmo nos presenta a sus enemigos. Son ricos (11), su lengua pronuncia el mal y sus labios dicen mentiras (14); se les llama «malhechores» (17), son «malvados» y «odian al justo» (22). ¿Por qué se comportan de este modo? Ciertamente porque el justo los molesta, los denuncia, no les da respiro. Entonces lo odian, lo calumnian y lo persiguen, buscando e1 modo de arrancarle la vida. El profetismo del pobre incomoda a los ricos. El término «prosperar» (13) y su contexto (12-15) permiten sospechar cine la mentira de los ricos condujo al salmista a la pérdida de sus bienes y a ser perseguido a muerte.

Se trata de un salmo que hace una larga profesión de fe en el Dios de la Alianza, aquel que escucha el clamor de su pueblo, que toma partido por el pobre que padece injusticias y lo libera, Dejemos que el salmo mismo nos muestre el rostro de Dios. Este responde y libra (5), «escucha» (7) y su ángel acampa en torno a los que lo temen y los libera (8). Es esta una enérgica imagen que muestra al Dios amigo y aliado como un guerrero que lucha en defensa de su compañero de alianza. Además, el Señor no permite que falte nada a los que lo temen y lo buscan (10.11), cuida de los justos (16) y escucha atentamente sus clamores (16), se enfrenta con los malhechores y borra de la tierra su memoria (17), escucha los gritos de los justos y los libra de todas sus angustias (18), está cerca de los de corazón herido y salva a los que están desanimados (19); libera al justo de todas sus desgracias (20), protegiendo sus huesos (21); se enfrenta a los malvados y los castiga (22), rescatando la vida de sus siervos, esto es, de los justos que lo temen (23).

Este largo rosario de acciones del Señor puede resumirse en una única idea: se trata del Dios del éxodo, que escucha el clamor de los que padecen injusticias y baja para liberarlos. A cuantos se han beneficiado de esta liberación sólo les resta una cosa: aclamar y celebrar al Señor liberador.

Este salmo hace una larga profesión de fe en el Dios de la Alianza, aquel que escucha el clamor de su pueblo, que toma partido por el pobre que padece injusticias y lo libera, Dejemos que el salmo mismo nos muestre el rostro de Dios. Este responde y libra (5), «escucha» (7) y su ángel acampa en torno a los que lo temen y los libera (8). Es esta una enérgica imagen que muestra al Dios amigo y aliado como un guerrero que lucha en defensa de su compañero de alianza. Además, el Señor no permite que falte nada a los que lo temen y lo buscan (10.11), cuida de los justos (16) y escucha atentamente sus clamores (16), se enfrenta con los malhechores y borra de la tierra su memoria (17), escucha los gritos de los justos y los libra de todas sus angustias (18), está cerca de los de corazón herido y salva a los que están desanimados (19); libera al justo de todas sus desgracias (20), protegiendo sus huesos (21); se enfrenta a los malvados y los castiga (22), rescatando la vida de sus siervos, esto es, de los justos que lo temen (23).

Este largo rosario de acciones del Señor puede resumirse en una única idea: se trata del Dios del éxodo, que escucha el clamor de los que padecen injusticias y baja para liberarlos. A cuantos se han beneficiado de esta liberación sólo les resta una cosa: aclamar y celebrar al Señor liberador.

Este salmo recibe en Jesús un nuevo sentido, insuperable. Su mismo nombre resume todo lo que hizo en favor de los pobres que claman (“Jesús” significa «El Señor salva»). La misión de Jesús consistía en llevar la buena nueva a los pobres (Lc 4,18).

María de Nazaret ocupa el lugar social de los empobrecidos y, en su cántico, retorna el versículo 11 de este salmo: «Los ricos empobrecen y pasan hambre» (compárese con Lc 1,53). Los pobres dan gracias a Jesús por la salvación que les ha traído. Este es, por ejemplo, el caso de María, que unge con perfume los pies de Jesús (Jn 12,3), en señal de agradecimiento por haberle devuelto la vida a su hermano Lázaro.

Es un salmo de acción de gracias. Conviene rezarlo sobre todo cuando queremos dar gracias por la presencia y la acción liberadora de Dios en nuestra vida, especialmente en la vida de los empobrecidos, de los perseguidos y de los que padecen la injusticia. Si nosotros no vivirnos una situación semejante a la del salmista pobre, es bueno que lo recemos en sintonía y solidaridad con los pobres que van siendo liberados de las opresiones y las injusticias.

Comentario del Santo Evangelio: Mateo 8,28-34.

La imposibilidad de llegar a Dios a causa de la oposición por parte de las fuerzas del mal encuentra en Jesús un «nuevo camino». La imagen de los «sepulcros», la fuerza de Jesús respecto a los demonios y su «debilidad», casi dócil, respecto a los hombres, convierten esta escena en el claro reflejo de una meditación sobre la pasión, con todos los claroscuros del poder de Cristo Señor, así como del duro y espantado rechazo por parte de los hombres. Singularmente eficaz es la reacción de rechazo de la muchedumbre, de «toda la ciudad», que lo aleja de su propio territorio. La expresión «antes del tiempo» expresa de manera adecuada esta relación entre la escena y la pasión (el tiempo del cumplimiento), cuando Jesús —aunque expulsado fuera del territorio de la Ciudad Santa— vencerá sobre la fuerza negativa de la muerte, sobre la dispersión de la Iglesia, y conseguirá abrir el paso para «pasar por aquel camino». El es el Señor, a quien «ha sido dado todo poder en la tierra» (Mt 28,18), aunque aparece como tal sólo en el misterio insondable de la cruz.

La escucha de la Palabra de su Señor guía al hombre para «buscar el bien y no el mal». La obra del hombre responde a la Palabra de Dios. Ahora bien, tales correspondencias se vuelven arriesgadas cuando están inscritas en la acción misma del hombre. El acto de culto, la fiesta, el holocausto, el sacrificio, el don, se vuelven entonces detestables y merecen el rechazo. Cuando pierden la correspondencia con Dios y se convierten en autoseguridad para el hombre, hasta las mejores expresiones de la religión pierden su alma. El discurrir el derecho y la justicia como agua y «como río inagotable» constituyen la figura de la liberación del hombre a la que se refiere los actos del culto. El cristiano tiene su nuevo culto «en el Señor Jesús», en su cuerpo y en su sangre, en el sacrificio puro de su cumplimiento de la voluntad del Padre, que los hombres no comprenden y rechazan.

Comentario del Santo Evangelio para nuestros Mayores. (Mt 8,28-34). Los dos endemoniados de Gerasa.

Tras bajar de la montaña, Jesús realiza algunos milagros que suscitan estupor y santo temor: “¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?” (v. 27). Con el transcurso del tiempo su poder salvífico se hace cada vez más manifiesto. Mateo había señalado precedentemente que, llegada la noche, le llevaron muchos endemoniados y él expulsó a los espíritus con su palabra (cf. 8,16). Ahora encontramos el relato explícito de un exorcismo. Jesús ha pasado ahora a la otra orilla (vv. 18.28); en consecuencia, desafía a Satanás en tierra pagana, o sea, en su propio territorio, allí donde el maligno manda. De inmediato le salen al encuentro dos endemoniados relegados a los sepulcros, lugar en el que —como en el desierto— el enemigo de la vida parece triunfar de manera indiscutible. Son los mismos demonios, molestos señores de dos hombres, los que gritan la verdadera identidad de Jesús: « ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Hijo de Dios —así le increpan—? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?» (v. 29). Reconocen la autoridad de Jesús y saben también que les queda poco tiempo (cf. Ap 12,12): con la instauración del Reino de Dios serán precipitados, efectivamente, en el abismo del fuego eterno. Jesús no se deja atemorizar en absoluto por sus estrépitos; al expulsarlos con la fuerza de su palabra, muestra claramente que el Reino de Dios está ya presente y empieza a difundir- se (cf. Mt 4,17).

La escena está dominada por un fuerte contraste: Jesús está solo y contra él están muchos demonios, como deja entender el hecho de que, tras ser expulsados, piden —por consiguiente, sólo pueden hacerlo con un permiso explícito— poder entrar en una piara de cerdos, animales considerados tradicionalmente como inmundos. El poder de Jesús es tal que con su sola palabra se precipitan inmediata y definitivamente en el lago de abajo.

Comentario del Santo Evangelio de Joven para Joven. Posesión de un espíritu maligno (Mt 8,28-34).

Dos endemoniados.
Muchos no creen en la posesión de los espíritus malignos. Creen que se trata de una enfermedad que provoca esos síntomas. Y, sin embargo, todos experimentamos continuamente los estados inicales de la posesión. La dignidad humana exige la plena libertad; pero cuánta gente vive en esclavitud, cuántos están obligados a emigrar, cuántos se pudren injustamente en la cárcel. Todo esto se llama violencia porque viene del exterior; pero el hombre es esclavizado también desde el interior.

Con frecuencia, decimos que alguien está «poseído» por una pasión hasta el punto de no poderse controlar y de comportarse de modo irresponsable. Querríamos ayudarlo, tenemos compasión de él, pero nos sentimos impotentes ante la virulencia de su idea fija. ¿Cómo nacen estas perversiones? Dejamos la explicación a médicos y psicólogos, en la medida en que son capaces de explicarlo. Pero sabemos que estas ideas fijas, a veces, tienen su origen en la sugestión ejercida por los demás, como una especie de hipnosis. Entonces, lo primero es alejarse de aquellos que la provocan.

¿Estamos seguros de que sólo los hombres ejercen sugestiones sobre nosotros? La Biblia cree en la influencia del espíritu maligno y los santos tenían experiencia de esto, precisamente, porque intentaban liberarse completamente del mal.

¿Qué hay entre tú y nosotros, Jesús, Hijo de Dios?
Los terapeutas de la hipnosis no permiten que nadie esté presente durante el tratamiento. También en la vida normal, quien desea ejercer influencia sobre otro, prefiere estar a solas con él. En el caso de la posesión del espíritu maligno, el poseído reacciona con violencia a la simple presencia de un objeto sagrado, por ejemplo, una imagen sacra o agua bendita. Pero son casos excepcionales.

En la vida normal sucede lo mismo, pero a escala reducida, Por ejemplo, quien está poseído por la pasión sexual evita entrar en la iglesia; quien está enfurecido con alguien no se pone a meditar el evangelio. Son estados de ánimo que se excluyen mutuamente. Hasta que un hombre no es capaz de tomar una decisión libre de la influencia negativa, debe reforzar su compromiso para hacer el bien. San Agustín se liberó de la posesión de los pensamientos sexuales leyendo la Sagrada Escritura, donde hay palabras que el espíritu impuro no soporta.

Le suplicaron que se alejase de su región.
Los animales tienen un gran sentido del propio territorio del que alejan a los animales extraños. También lo hacen los perros. Los hombres hacen lo mismo con la propia habitación. ¿Por qué existen todas estas barreras? Nos construimos una imagen propia de vida y de identidad y todo lo que no es coherente es una molestia. Sin embargo, se puede tener una idea equivocada sobre lo que es extraño o molesto. Por ejemplo, se puede cometer un trágico error y considerar a Cristo y su enseñanza como elementos molestos. Entonces le pide a Cristo que no entre en el propio territorio.

Según las palabras de san Juan «los hombres prefirieron las tinieblas a la luz» (Jn 3,19) porque la luz cambiaría el aspecto de muchas cosas que en la oscuridad parecen bonitas. Pero la noche es el mejor momento para el sueño. Al despertarse se enciende la luz y se empieza a trabajar. A los que quieren recorrer el camino de las obras buenas les gusta la presencia de Cristo, que es la luz de todo hombre que viene al mundo.

Comentario del Santo Evangelio para nuestros Mayores. (Mt 8, 23-27).Quién es éste?

El milagro debe ser entendido como predicación, anuncio del evangelio. De ahí que lo esencial en su narración no sea la reproducción mecánicamente exacta de lo ocurrido. Basta recoger el hecho en sus rasgos esenciales y descubrir su dimensión reveladora. La historia puede quedar un tanto difuminada, desaparece el cuándo y el dónde y otras circunstancias que son tan importantes en la narración histórica. Se estiliza el relato en orden a que la finalidad del evangelista logre, del mejor modo posible, su propósito. Así ocurre en nuestra narración que, esencialmente, depende del relato de Marcos.

Que Jesús haya calmado la tempestad en el mar no es lo verdaderamente importante para el evangelista. Su intención, detrás del hecho, consiste en presentarnos a Jesús, a los discípulos, a la Iglesia. Dice el texto que “sus discípulos lo siguieron”. Esta frase, que no se encuentra en Marcos, tiene una gran importancia en la narración de Mateo: presenta el rasgo esencial que define el discipulado de Jesús: seguirlo. Y, lo mismo que aquellos discípulos, todos los discípulos, la Iglesia. De hecho, el verbo «seguir» en los evangelios es utilizado únicamente cuando el objeto del mismo es Jesús. Indica la unión del discípulo con el Jesús de la historia, participar en su destino, entrar en el Reino mediante una pertenencia a Cristo por la obediencia y la confianza.

La confianza nace de la fe o, tal vez mejor, la fe tiene una esencial dimensión en la confianza. Los discípulos que se hallaban en la barca no tienen confianza, son «hombres de poca fe». Pero la narración no recoge únicamente aquel momento, sino tiene también en cuenta el tiempo en el que escribe Mateo: la Iglesia estaba perseguida, luchaba a brazo partido, a semejanza de la barca entre las olas de un mar embravecido, para no hundirse; llegó en muchas ocasiones el desaliento, el desánimo e incluso la defección. Por ser palabra de Dios, el relato, partiendo de lo ocurrido entonces, sigue hablando en todos los tiempos y circunstancias a cada uno de los discípulos.

La actitud de los discípulos resulta desconcertante. Por un lado creen que Jesús tiene poder suficiente para calmar el mar y que no se trague la barca; por otro, temen el hundimiento. El poder de Dios está en Jesús; ellos lo saben y, sin embargo, se extrañan cuando lo manifiesta. Esto no es lo propio del discípulo. Tal vez por eso, Mateo intenta suavizar la antinomia en la conducta de los discípulos y, al terminar su relato, habla de «aquellos hombres», no dice «discípulos». El asombro, el desconcierto ante una cosa que no esperaban —y que, sin embargo, sabían que podía ocurrir— es la actitud no del discípulo sino, más bien, del medio creyente o del que vive alienado, prácticamente al menos, de Dios. El poder de Dios actúa en Jesús, pero ellos son hombres no abiertos a ese poder de Dios.

Lo propio del discípulo sería la fe, la confianza y la valentía de fiarse del poder de Dios que está por encima de la bravura del mar. Así este milagro afirma que Dios está presente, particularmente en y a través de Jesús, con todo su poder de victoria sobre la muerte y los peligros mortales. Es la convicción profunda que deben tener los discípulos de Jesús y la Iglesia como tal.

El interrogante final, « ¿quién es éste?», simboliza la actitud de incredulidad de quien quiere explicarlo todo racionalmente. O tal vez pretenda el evangelista que el interrogante sea contestado desde el conjunto de la narración. Sería entonces una confesión de fe.

Elevación Espiritual para este día.

El Señor Jesucristo, con esto de haberse hecho carne, abrió a la esperanza la carne nuestra. Porque tomó lo que ya conocíamos en esta tierra, donde tanto abunda: el nacer y el morir. Abundaba eso: el nacer y el morir; el resucitar y vivir eternamente no lo había acá. Halló aquí viles mercaderías terrestres, y trajo consigo los peregrinos géneros celestes. Ahora, si el morir te causa espanto, ama la resurrección. Hizo de su tribulación socorro para ti, porque tu salud no valía para nada.
Aprendamos, por tanto, hermanos, a conocer y amar esa salud, que no es de este mundo, es decir, la Salud eterna, y vivamos en este mundo como peregrinos.

Reflexión Espiritual para el día,

La cuestión de saber qué es el cristianismo y quién es Cristo para nosotros hoy, me preocupa constantemente. El tiempo en que se podía decir todo a los hombres, por medio de palabras teológicas o piadosas, ha pasado, lo mismo que el tiempo de la espiritualidad y de la conciencia, es decir, el tiempo de la religión en general. Vamos al encuentro de una época totalmente irreligiosa; los hombres, tal como son, simplemente ya no pueden seguir siendo religiosos; incluso los que se declaran honestamente religiosos no practican en modo alguno su religión; por consiguiente, es probable que entiendan el término en un sentido completamente diferente.

Si la religión es sólo un vestido del cristianismo —y este vestido ha asumido también aspectos muy distintos en diferentes tiempos—, ¿qué será un cristianismo no religioso? ¿Qué significado tienen el culto y la oración en la irreligiosidad? ¿Adquiere tal vez una nueva importancia en este punto la disciplina del arcano o, bien, la distinción entre penúltimo y último? Debemos restablecer una disciplina del arcano que proteja de la profanación los misterios de la fe cristiana.

El rostro de los personajes y pasajes de la Sagrada Biblia. Génesis 21, 5; 8-20. Abraham tenía cien años cuando nació su hijo Isaac.

Dios es fiel. Mantiene sus promesas.
La fe de Abraham, puesta a prueba tanto tiempo, no fue vana. Después de una larga espera, el plan de Dios se realiza. ¡No tienes prisa, Señor! Toda la eternidad es tuya para que cumplas, para que termines tu creación. En la seguridad de que también se cumplirán todas tus otras promesas: la de la victoria definitiva contra el mal... la promesa del Espíritu Santo a tu Iglesia... la promesa de satisfacer las oraciones de tus fieles.

Saboreamos en silencio esas promesas que nos has hecho, Señor:
«Haré un cielo nuevo y una tierra nueva: no habrá ya muerte, ni llantos, ni gemidos, ni penas porque he aquí que hago un universo nuevo...»
«No temáis, pequeño rebaño. He vencido al mundo. Estaré con vosotros hasta el fin del mundo...»
«Todo lo que pediréis en mi nombre, lo haré. Llamad y se os abrirá.»
A pesar de las apariencias contrarias, a pesar de las demoras, todas esas promesas divinas tendrán un día su cumplimiento. Tengo fe en Ti, Señor. Incluso si he de esperar mucho tiempo en la fidelidad, como Abraham.
Despide a esa sirvienta y a su hijo; pues éste no ha de heredar juntamente con mi hijo Isaac.

Estas palabras disgustaron mucho a Abraham. Pero Dios le dijo: «No lo sientas, ni por el chico ni por tu sirvienta.» Abraham es llevado a reflexionar sobre la rivalidad que va creciendo ante sus ojos. Sufre por ello, ruega sin duda por este «hecho», pidiendo que Dios le conceda sus luces. Y Dios contesta. Le da a entender que la Promesa pasa por Isaac... pero que Ismael tendrá también un destino útil...

La fe de Abraham es ejemplar, es la de un creyente que es «padre». Su preocupación paternal viene a ser como una parábola de la Paternidad divina. Los padres y madres de Hoy, han de orar también a partir de las situaciones que sus hijos provocan...
Como llegase a faltar el agua del odre, Agar colocó al niño debajo de una mata y ella fue a sentarse enfrente a distancia de un tiro de arco; pues decía: «No quiero ver morir al niño» y se puso a llorar a gritos. Dios oyó los gritos del niño.

Esta última frase es conmovedora.
La Biblia es realmente sorprendente en la simplicidad de su trato con Dios. Tras la imagen, se nos revela una idea muy pura de Dios. Un Dios que, una vez más, está atento, un Dios que escucha. Ningún sufrimiento humano, ningún grito lo deja indiferente.

Ayúdanos, Señor, a parecernos a ti. ¿Oiremos nosotros, en nuestra vida, las llamadas y los sufrimientos de nuestros hermanos?
No temas. ¡Arriba! Levanta al pequeño y tómalo fuertemente de la mano, porque haré de él un gran pueblo.

Actitud constante de Dios: levantar, ¡poner al hombre de pie! Volver a tener el valor y el gusto de vivir, dar un «sentido» a la vida.
Te rogamos, Señor, por todos los desanimados de la existencia, por todos los niños que siguen gritando en los países del hambre, por todas las madres que están al borde de la desesperación, por todos los que necesitan levantarse.

Enviado por Administracion el Miércoles, 01 julio a las 00:00:00 (29 Lecturas)
 
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